Introducción
En el presente trabajo se pretende realizar un análisis de los antecedentes y las causas externas e internas que dieron pie a la reforma electoral de 1977 llamada Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE) durante el periodo presidencial de José López Portillo y Pacheco. También se buscará analizar el lenguaje no abierto de la reforma. La intención de dicha reforma según la retórica oficial era la de abrir el espacio electoral a los grupos que quisiesen participar en la vida política nacional sin importar su ideología, ya que ello fortalecería la democracia mexicana. Sin embargo, el papel que jugaría el PRI sería como eje rector a través de su aparato burocrático que a manera de tentáculos se extendían por todo el país, el partido, pues, iba a ser punto de equilibrio que podía sujetar tanto a la llamada izquierda como a la derecha.
En cuanto a los antecedentes podemos decir que se pueden encontrar a finales de los 60´s y principios de los 70´s. Periodo en el que se conjugan una serie de factores políticos, sociales y económicos tanto en lo interno como en lo externo. Entre ellos podemos mencionar brevemente la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, la reducción de edad de 21 a 18 años para ejercer el voto en 1969; el “halconazo” del 10 de junio de 1971, las guerrillas urbanas y rurales que se desataron en algunos lugares del país; la crisis petrolera internacional y los estragos sobre la economía nacional. En medio de ese contexto pues, se dio la reforma, y en general representó un seguimiento de la política de “apertura democrática” de Echeverría.
1.0 .Antecedentes
En cuanto a lo que se refiere a la matanza de Tlatelolco, podemos decir que se le ha convertido en un mito que marca el parteaguas para la transformación política en México, aspecto que por sí mismo no explica el proceso de democratización, más bien, Héctor Aguilar Camín lo ve como un “momento de ruptura entre la élite juvenil de México y su gobierno, una crisis moral y generacional de envergadura. Mirar esa crisis, sin embargo, como el detonador de los cambios democráticos en los siguientes 30 años, es por lo menos una exageración.”
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Y ello se debe a que el movimiento estudiantil del 68 no se planteó plenamente la idea de “democracia” como se entiende hoy en día –sin que eso quiera decir que exista plenamente- sino que su postura básicamente era en contra del autoritarismo gubernamental, el cual incluso contaba con su versión familiar –paternalismo- y esto se conjugó con una importante diferencia generacional.
Sin embargo, es importante reconocer que fue un hecho simbólico de un proceso que ya se venía gestando con anterioridad; símbolo que a su vez hizo patente la intolerancia del gobierno. Por otra parte, se comprobó que nunca existió una vinculación real entre estudiantes, obreros y campesinos, debido a dos razones: en primer lugar, la diferencia de intereses entre un sector y otro, y en segundo, la existencia de un corporativismo que había matado prácticamente el accionar político de los dos grandes sectores a través de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Nacional Campesina (CNC), además anteriormente se había aplastado el movimiento ferrocarrilero y de médicos.
Así pues, Aguilar Camín contempla a la guerrilla de los 70´s como la única consecuencia plenamente desencadenada del 68, y paralelo a ello agrega la matanza del “halconazo”: “la represión de la manifestación del 10 de junio de 1971, que celebraba el regreso del exilio de algunos de los líderes del movimiento, acabó de convencer a muchos de que no había otro camino al cambio que las armas.”
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Como se observa, la ideología en la etapa de radicalización del movimiento estaba vinculada a la revolución, sobretodo en la guerrilla urbana. Esa ideología estaba inclinada hacia el marxismo-leninismo, y no a la democracia entendida como una obra burguesa.
Por otro lado se puede añadir la reducción de edad para poder ejercer el voto de 21 a 18 años aprobada a finales del 69 todavía bajo el mandato de Díaz Ordaz. Dicha medida, si se quiere ver así, encaminada a “calmar los ánimos” después de Tlatelolco, sobretodo en los que habían participado en el movimiento, otros tantos fueron introducidos al aparato burocrático echeverrista cobijada bajo su bandera de “apertura democrática.” Otra medida fue “conciliar a la universidad y gobierno, así como abrir canales de participación anteriores de partidistas y grupos disidentes. Especialmente a partir de 1971 hubo un sustancial incremento de empleos en educación, muchas nuevas escuelas fueron creadas y las universidades recibieron aumentos importantes en sus subsidios.”
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Pero aquí se puede leer un doble juego, hay que decir que el apoyo a la educación no se dio como resultado fundamentalmente de los movimientos estudiantiles, sino que además formaba parte del gasto gubernamental que se vinculaba al crecimiento económico del país, recordando que el promedio anual de 1972 a 1975 fue del 7%.
Ese doble juego se vio también el 5 de enero de 1973 cuando se promulgó la Nueva Ley Federal Electoral, la cual alentaba a la formación de nuevos partidos para que compitieran por el acceso al poder de acuerdo al número de votos obtenidos. Pero por otra parte se llevaba a cabo la represión de los distintos grupos guerrilleros, entre ellos la de Genaro Vázquez (quien falleció en un accidente automovilístico en 1972) y al Partido de los Pobres de Lucio Cabañas, muerto en una emboscada por el ejército en diciembre de 1974. Este accionar del gobierno precisamente se justificaba en una supuesta apertura democrática, por lo que la “disidencia” quedaba fuera del marco legal establecido.
2.0. Contexto internacional
Con el anterior contexto político, llegamos al gobierno de López Portillo, (1976) quien se encargó de recobrar un clima de confianza entre los empresarios que habían sostenido una mala relación con Echeverría por las medidas populistas tomadas durante su mandato y por la muerte de los empresarios Eugenio Garza Seda de Monterrey y Fernando Aranguren de Guadalajara a manos de la guerrilla. Además, la fuga de capitales fue severa como consecuencia de la mayor participación del Estado en la economía a través del “gasto social.” “Ante esta situación el gobierno respondió con medidas adicionales para mantener fija la tasa de cambio, y amortiguando la fuga de capitales mediante más préstamos externos y derrochando las reservas.”
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Por tal motivo el peso empezó a flotar y sufrió una devaluación del 40%, por lo que se buscó ayuda a través del Fondo Monetario Internacional (FMI).
La serie de recomendaciones del FMI -que en general apuntaban a la racionalización arancelaria- se dejaron de lado cuando se descubrieron importantes reservas de petróleo en el subsuelo nacional, además en el contexto internacional la guerra del Yom Kippur (1973) ocasionó que los precios del barril aumentaran de 2 a 8 dólares en 1978. La vía natural que se presentó fue el sistema de préstamos internacionales para poder sustraer dichas reservas. El dilema fue pues, qué hacer con esos recursos obtenidos: pagar la deuda y reinvertir el resto, o primero expandir la economía y después pagar. Se inclinó por la segunda opción, y ante la caída de los precisos internacionales el país se vio en una grave crisis y con una gran deuda externa del 40%.
Esta situación fue desprendiendo algunos de los motivos que se hicieron indispensables para la reforma política emprendida por López Portillo, es decir, la crisis económica y los estragos hacia el interior del país, así como la presión externa por parte del FMI para que el país siguiera sus políticas, ello también se entiende ya que son las primeras manifestaciones de la decadencia del Estado keynesiano y también representaría el inicio del abandono del modelo de sustitución de importaciones.
La Comisión Trilateral compuesta por América del Norte (Estados Unidos y Canadá), Europa Occidental y Japón empezó sus gestiones en 1973 con el propósito de dictar pautas a seguir entre los países con dificultades económicas, entendiendo con ello, a los llamados países en vías de desarrollo. “A diferencia de la política del Departamento de Estado norteamericano, la Trilateral pretende distinguir entre los países del Tercer Mundo (y los del Cuarto Mundo) y aplicar políticas diferentes para cada uno de ellos, en función del grado de avance que tengan.”
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Uno de los puntos ejes de la Trilateral era evitar la confrontación directa, misma que ponía de manifiesto Nixon. Una preocupación evidente sin lugar a dudas era que las malas condiciones económicas podían generar brotes de violencia capaces de cuestionar a los gobiernos establecidos, por tal motivo se veían en la necesidad de inclinarse hacia un sistema de reformas moderadas en lo político y en menor medida en lo económico. Recordemos que en ese momento todavía estaba reciente el triunfo de la revolución cubana y en Chile se había establecido un gobierno de tinte socialista por medio de Salvador Allende. Esto en el escenario de la guerra fría, se traduce en la contención del comunismo, y la Trilateral estaba consciente de que América Latina era un campo fértil para la gestación de movimientos pro comunistas. Por medio de recomendaciones a los gobiernos locales, se buscaba al mismo tiempo evitar los disturbios sociales y asegurar los intereses económicos de las potencias industrializadas.
Con ello resulta congruente la necesidad de mayor apertura política que vaya encaminada a abrir el campo electoral a un sistema de partidos. Se pretende difundir la idea de que la democracia es solamente la existencia de partidos políticos y el derecho al voto. Según esta idea, el pluripartidismo puede llevar a dos resultados importantes: “calmar” por decirlo de alguna manera a aquellos grupos que buscan un espacio en la vida política del país, y por otro, mantener la teatralidad de democracia que desemboca en la autojustificación del régimen o del partido en el poder -en el caso de México el Partido Revolucionario Institucional-, y por si fuera poco, ésta característica puede hasta sustentar el factor “institucional” que pregona el PRI. Resultaba fundamental mantenerse vigente porque cuando se empieza a cuestionar seriamente la autoridad se corre el riesgo de la derrota: “En otros términos, se ha deteriorado la confianza y la credibilidad de la gente en el gobierno, en sus líderes. La autoridad es desafiada en el seno mismo del gobierno, en los sindicatos, en las asociaciones empresariales, en las escuelas y universidades, en las asociaciones profesionales, en las iglesias y cuerpos cívicos.”
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Otro factor de importancia fue que la revolución socialista mundial dirigida por la URSS mediante la Tercera Internacional Comunista menguó de manera importante la lucha obrera, pactando con las potencias capitalistas para combatir al fascismo durante el periodo de 1937 a 1945. Por lo que se recomendó entablar sistemas de alianzas entre clases, siempre y cuando el enemigo común fueran las potencias del Eje. Desde principios de los 60´s la URSS dio un cambio notable en cuanto a que se pronunció a favor de la tesis de la toma del poder por medios pacíficos, lo que sería un factor teórico contrapuesto a China y a los aportes maoístas, de ahí en parte la ruptura chino – soviética. Pero además, en la siguiente década se hizo patente la llamada coexistencia pacifica, política encaminada a una supuesta convivencia sin agresiones por parte de ambas superpotencias (Estados Unidos y la URSS), este factor sin lugar a dudas fue decisivo para que los partidos comunistas fueran más dóciles, y en el caso del Partido Comunista Mexicano, presentó continuamente esa postura conciliatoria con el partido oficial.
3.0 Contexto nacional
“Las modalidades que adopta el Estado, corresponden a relaciones de fuerza que las clases y sus facciones tienen en un momento dado y en un universo especifico”
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Con ello se pretende dar a entender que el régimen surgido de la revolución mexicana –a partir del grupo sonorense- fue cambiando su manera de mantenerse en el poder, y fue variando de acuerdo de las mismas exigencias que le pedía la realidad mexicana y aprovechó las coyunturas internacionales. En primer lugar surgió la necesidad de unidad caudillesca por medio del Partido Nacional Revolucionario proclamada por Calles, y significaba según él, el paso a las instituciones, y por otro lado, la continuidad a las acciones carrancistas de manipulación obrera (batallones rojos que enfrentaron a zapatistas) por medio de la CROM y Morones.
Con la transformación en el Partido Revolucionario Mexicano y con Cárdenas se consolida esa práctica a través de la llamada política de masas, y mediante dos centrales logra controlar a campesinos y obreros: la CNC y la CTM, respectivamente, es decir, se consolida un partido que representa tanto al Estado como a la revolución, y de esta manera se legitima, fuera del partido todo está contra el Estado. En pocas palabras, logra aglutinar a los principales sectores que podían representar un riesgo importante para la consolidación de la nación: obreros, campesinos y militares, y a su vez, impide una alianza entre las dos primeras fuerzas.
Posteriormente viene el PRI y con el la salida de los militares y la creación del sector popular, es decir, en este estaban todos aquellos que no eran ni campesinos ni obreros. En esta etapa se obedece al presidente de la república, representando al máximo dirigente político y hasta militar.
Esas, pues serán las principales formas de hacer política, aparentemente son varias, pero en el fondo parece ser sólo una: el partido. Si se aspira a un puesto político desde el más chico hasta la presidencia de la república se puede llegar solamente mediante el partido. Uno de sus brazos principales son los sindicatos, y de igual manera ahí, si quiere conseguir un ascenso o una mejora laboral dependerá de pertenecer o no al sindicato, y de la relación que el líder sostenga con el mismo presidente del país en turno. Y en cuanto a:
Las demandas hacia afuera, cuyo contenido fuera político, sólo podían canalizarse por la vía del partido o de la representación parlamentaria –donde el PRM y más aun el PRI, tenía, como partido, control absoluto e incluso sobre la representación obrera. Por lo tanto, la lucha política de los obreros al verse restringida al ámbito partidario, se reducía a meras negociaciones con la dirigencia del partido, en donde estaban presentes la disciplina, la prebenda – económica o política- y las destituciones.
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Como ya se había mencionado anteriormente, el papel direccional soviético en cuanto a su postura durante la segunda guerra mundial, dio como resultado que los sindicatos bajo influencia de algún partido comunista, se fueran forjando en una ideología conciliatoria y colaboracionista con el régimen. Por ejemplo, para el Partido Comunista Mexicano, el enemigo no era el capitalismo, sino el imperialismo y las posibles alianzas que pudiera encontrar dentro del territorio nacional. Por esa razón creían factible el sistema de alianzas con la pequeña burguesía y con sectores capitalistas de tipo nacionalista. Esto hace recordar a los postulados por el peruano Haya de la Torre para dar paso a la fundación del APRA en México en la década de los 20´s.
Gracias al contexto de la segunda guerra mundial y posteriormente la reconstrucción de Europa y de Japón permitieron a México poder establecer el llamado modelo de sustitución de importaciones, ayudando a la consolidación de ciertos grupos de empresarios que poco a poco se empezaron a vincular con el sistema burocrático, y serían importantes en la configuración de “una nueva política de control de masas a finales de 1945 y principios de 1946: la democracia político-electoral contra la democracia sindical y las organizaciones campesinas; es decir, un nuevo intento de desviación del enfrentamiento de clases directo hacia la lucha electoral.”
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Esos nuevos sectores y otros viejos que llegaron a formar parte del partido de Estado fueron los que se encargarían de ir configurando una nueva faceta democratizadora en el país, y siguieron la misma ruta: la formación de partidos y adhesión al ejercicio de una democracia no de grupos, sino como se entiende en los países liberales e industrializados como Estados Unidos. Algunos de los partidos que se habían formado estaban el Partido Acción Nacional, el Partido Popular Socialista, el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana, y por su parte el PCM ya se había fundado desde 1919. Al momento de darse la reforma se habían formado otros partidos como el Demócrata Mexicano con una vía ultraderechista, los de tendencia izquierdista como el Partido Mexicano de los Trabajadores; el Partido Socialista de los Trabajadores; el Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Partido Socialista Revolucionario.
En realidad el papel que jugó la oposición tanto de derecha como de izquierda es realmente cuestionable, pero era necesaria una reestructuración, y ello se hizo evidente durante la campaña presidencial de López Portillo para las elecciones de 1976, por ello dice Aguilar Camín que la reforma se hizo “para reparar la crisis de legitimidad del año 75 en el que el candidato del PRI no tuvo oposición y recorrió el país boxeando con su sombra.”
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Así pues, la disminución participativa abre ante sí, la necesidad de autolegitimarse; además de que una reforma de este tipo que busca “ampliar las libertades políticas y, en consecuencia, la mayor participación de los ciudadanos en la cosa pública. Por otra parte consiste en el esfuerzo gubernamental por recuperar el apoyo necesario para mantener la legitimidad de la representación política,”
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ayuda a evitar que la oposición se mezcle de una manera clara y directa en los sindicatos y los medios rurales, ello si sería más peligroso que abrirle canales legales de participación.
Es aquí donde vemos una forma más de establecer lazos de dominio de las que ya se venía hablando al inicio de este apartado. La reforma política y la apertura a la oposición no es otra cosa que otro medio de sujeción a través de reglas de juego que el mismo partido plantea, y que a cambio de ello, obtiene tres beneficios básicos: da una buena imagen hacia al exterior en cuanto a la pluralidad partidista; hacia adentro le permite verse como el vencedor indiscutible, y finalmente puede mantener una sujeción sobre esa oposición por medios legales, y también por ello obtiene el “permiso” de perseguir a los grupos que no aceptan esas vías constitucionales, y si no se rigen por medio de ellas, entonces se constituyen en sectores subversivos y de disolución social a los que se tiene que combatir por medio de la fuerza que concede el Estado de derecho.
4.0 El lenguaje “interno” de la reforma.
La intención de dicha reforma política había sido dada a conocer durante la toma de posesión de López Portillo, “así que en abril de 1977 se inició consultas públicas para empezar a discutir la posible reforma a desarrollarse”.
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Ocho meses después fue aprobada y se dio a conocer en diciembre del mismo año como Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE), el propósito principal era pues, crear las condiciones constitucionales de legalidad para que los partidos de oposición pudieran contender por el poder político en el país.
En primer lugar se encuentra la idea de marcar la dirección por la cual deben transitar los grupos de oposición que son vistos en comparación con el PRI minorías que aparentemente no representan peligro para su poderío político. Separados esos grupos y sin ninguna circulación fuerte con los sectores populares –con obreros y campesinos, no con el sector popular del PRI- es verdad que no representaban peligro alguno, pero de alguna manera estaba la posibilidad de que iniciaran sistemas de alianzas y que así lograran convertirse en una fuerza considerable. La reforma se enfocó entonces a mantener separadas esas fuerzas urbanas politizadas, y fue eficiente en ello, ya que nunca representaron una oposición real y se dieron frecuentes fragmentaciones de intereses personales, muchas veces disfrazadas de diferencias ideológicas. La reforma ofrecía además la posibilidad de la eliminación legal, es decir, aquellos partidos que no alcanzaran su ratificación de acuerdo al número de votos alcanzados; y por otra parte porque ya controlaba a obreros y campesinos y a otros sectores.
En segundo lugar se encuentran los términos de minorías y mayorías. “Habremos de entender que las mayorías son las que están afiliadas al partido gubernamental a través de sus vastos sectores de control político (obrero, campesino y popular). Por lo pronto las minorías están formadas por los que no participan en este partido.”
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El punto aquí es que la reforma que alude a la participación ciudadana de manera amplia, no se presta a la consulta y expresión de esa mayoría que encierra el partido, es decir, son en realidad las minorías burocráticas del PRI las que manejan esa democracia.
Conclusiones
Después de lo analizado en este trabajo, se puede decir que la reforma política denominada Ley Federal de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LFOPPE) respondió a la crisis económica que se venía arrastrando desde el periodo echeverrista vinculada básicamente con las medidas populistas y la petrolización de la economía. Sin embargo esas malas decisiones cobraron mayor peso ante la creciente presión de la economía estadounidense, la cual después de la segunda guerra mundial buscaba nuevas fases de expansión, encontrando las puertas abiertas a través de la dirigencia de los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y la Comisión Trilateral, que se encargaron de dictar reformas y medidas estratégicas para “sanar” la economía, y paralelo a ello también se hicieron algunas observaciones en lo político, de ahí precisamente la necesidad del gobierno de López Portillo para llevar a cabo dicha reforma.
En el plano nacional, se puede decir que fue decisiva la presión que ejercían los empresarios, más que los partidos políticos, para emprender una apertura política, por otra parte estaba el temor hacia el descontento de las clases medias urbanas, y no de la presión sindical, puesto que prácticamente no existió después del movimiento ferrocarrilero. Así pues, la reforma política estaba pensada en esos sectores del país.
Y por último se puede remarcar que la reforma también respondió a la necesidad del régimen a renovar el ambiente de legitimidad, hacia su sistema “revolucionario,” así mismo, justificar la burocracia y sus prácticas políticas, pero disfrazadas de un pluripartidismo que daba la impresión teatral de un proceso de fortalecimiento democrático, entendida sólo como la acción de depositar votos en una urna y la existencia de varios partidos y sectores independientes.
A pesar de las enormes carencias de la reforma y la naturaleza por la que se dio, se puede decir que fue un punto importante para la participación opositora al PRI, pero ello se dio con mayor énfasis en la década de los 80´s a través del PAN y del PRD y también se insertó en una nueva coyuntura internacional como fue el neoliberalismo y la creciente decadencia de la URSS y la continuidad de las dificultades económicas nacionales.