Francisco Serratos
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Todos, en un momento de nuestra existencia, hemos acudido a alguna dependencia gubernamental para realizar un trámite. Sí, es desgastante. Gastamos tiempo, paciencia y dinero. Vamos a que nos expidan un papel para poder existir, a legalizar nuestra vida. Sólo decimos “ni modo, se debe de hacer”. Pero no es suficiente la consolación. Y así vivimos: estamos en trámites de ser. Legitiman la identidad con la reiteración: éste soy yo: credencial electoral, acta de nacimiento, pasaporte, carné, licencia de conducir. Documentos. Creo que lo mismo sucede con la literatura mexicana. Con la publicada con fondos del gobierno, me refiero. Es la expedición de un documento legal: afirman una mentira: “ésta es la literatura mexicana, la publicamos, lean”. No diferencio una carta de no antecedentes penales a una novela publicada por Tierra Adentro. Se trata de un apoyo al arte, sí, pero en realidad es una legalidad del arte, de la nacionalidad. Un arte identitario. Soberanía que clausura la soberanía del arte. Una afirmación del discurso, de los enunciados. Un contrato social
Sin embargo, para la mayoría de los autores y autoras de México, es la única forma de existir. Con las becas estatales o nacionales, se le expide una…