·

Políticas educativas en relación a epistemología y holismo

El siguiente
texto es una exploración sobre políticas educativas y epistemología holista. Es
una meditación personal, inspirada en aprendizajes teóricos y experiencias de
vida en temas de filosofía y educación. Llevando al pensamiento hacia la
“normalidad del pensamiento”; tratando de salir un poco del esquema para
presentar soluciones reales a las problemáticas existentes  respecto a  la educación en nuestro mundo.

            Pienso en la cantidad de textos y artículos
que hablan del nuevo paradigma en educación. En lo trillado y comercial que se
ha vuelto la palabra holista. En la fanatización de algunos pensadores
reconocidos. En la  escasa comprensión. ¿Por
qué me atrevo a decir “escasa comprensión”? No es necesario seguir señalando
tajantemente. Sólo hay que mirarnos a los ojos: si hay brillo en ellos, existe
la comprensión; si no la hay, dejemos los libros a un lado. No se están
digiriendo en lo absoluto.

            La ciencia es necesaria para el
progreso de las sociedades. Parece ser que ese avance no se esta llevando
oportunamente debido a viejos esquemas. Me remito a Khun y su concepción sobre
la ciencia normal. Estas reflexiones ya tienen tiempo circulando en la
atmosfera planetaria, sin embargo, uno se asoma a los temas de investigación
que se hacen en los edificios institucionales dedicados a la ciencia y seguimos
en un atraso temporal y teórico.

            No hay un ritmo coherente en la
ciencia en su totalidad. La complejidad queda en un idealismo que no se compromete
más que a discurso. Mientras el reduccionismo sigue ramificándose, y en ciertos
casos, pensándose como complejo. Señalo estos desequilibrios, porque existe la
desigualdad social. No hace falta abordar datos de las injusticias habidas en
el planeta. No seguiré gastando el lenguaje por esos albores.

            La intención es llevar a la ciencia
al camino de sus orígenes. Al asombro y la felicidad. Sin caer nuevamente en palabrerías.
La generación de conocimiento científico en cualquiera de sus formas ha de
conducir a la plenitud. El hombre cuestiona su deber ser en el mundo, su dirección,
el porqué de su existencia. Preguntas que nacen de la necesidad íntima de
establecer fundamentos vitales, ambientes de convivencia social y crecimiento. Lo
humano no puede vivir en un vacío. Camina hacia la plenitud, consiente o
inconscientemente. Lucha por la salud íntegra de su espíritu. El instinto
creativo de lo humano alcanza su máxima luminosidad a través del conocimiento.  

            En este sentido, conocimiento se
vincula a educación. El principal objetivo de un educar integral es encaminar a
lo humano a su lucidez en todas sus dimensiones. Sí, no hay que perder de vista
el objetivo. Lucidez y conocimiento. ¿Para que se quiere la lucidez? Resulta
evidente, que la humanidad se encuentra en un estado de letargo. En una
esclavitud mental, en la que la vida tal y como se concibe en su más alto
nivel, es decir como algo sagrado, no existe como objetivo fundamental. Edgar
Morin reflexiona:

Hemos
adquirido conocimientos sin precedentes sobre el mundo físico, biológico, psicológico,
sociológico. La ciencia ha hecho reinar, cada vez más, a los métodos de
verificación empírica y lógica. Mitos y tinieblas parecen ser rechazados a los
bajos fondos del espíritu por las luces de la razón. Y, sin embargo, el error,
la ignorancia, la ceguera, progresan, por todas partes, al mismo tiempo que
nuestros conocimientos. (Morin, 27)

La búsqueda del
conocimiento dentro de todas las grandes culturas es y debe ser para alcanzar
la felicidad. Y si lo humano, en su onticidad holista, se queda en meras
conjeturas intelectuales, es porque algo no se está realizando conforme a la
esencia básica del conocimiento. Por ello es indispensable mantener en claro cómo
se esta generando la ciencia; luego,  manifestar la pasión por el conocimiento. Ciencia
por pasión. El gay saber nietzscheano. Actitudes, que desafortunadamente, en el
paradigma civilizatorio actual, se encuentran relegadas.

            Por esta vía se vincula el
conocimiento con el poder. Al egoísmo humano. Se da prioridad a proyectos de
investigación que cumplan con cierto requisito institucional. A la tecnología
de moda. A la insaciabilidad y voracidad del mercado. Muchos pensadores han
puesto en tela de juicio dichas actitudes, como ejemplo, se puede hablar de
Foucault y Lyotard. El primero aludiendo a los mecanismos de control y
exclusión en los discursos del conocimiento, y el segundo, a los procesos de
legitimación del mismo.

Se desgasta inteligencia inútilmente en miras de este servilismo. En
algunas universidades, la investigación científica no aparece como una
necesidad vital en la formación del individuo. Sin embargo, esto se disfraza
con interés falso en educación y en la ciencia  y digo falso porque tantas reuniones, convenciones y congresos en pro de esta causa sólo hablan de la represión del instinto de la aspiración a un
conocimiento vital
[1]
. Por
ejemplo (y no por ello estamos en desacuerdo):

Hay
en Latinoamérica una sed intensa y creciente de conocimiento, en particular de
conocimiento científico y técnico. Junto con este crece la curiosidad por ese
conocer, esto es, por ahondar en la ciencia de la ciencia, tanto formal como fáctica,
pura como aplicada. Se discute sobre ciencia de la ciencia en universidades y politécnicos,
escuelas preparatorias y organismos estatales. Estas discusiones se presentan,
en particular, en consideraciones sobre las políticas de desarrollo de nuestras
naciones. (Bunge, 1980:242)

O dicho en otras palabras, dice un proverbio chino: “el lugar más sombrío
esta siempre bajo la lámpara” (Barthes, 1982: 66). Se transmite conocimiento
con el fin de incorporarse al mercado laboral. Cada día hay más ingenieros en
las transnacionales y menos ingenieros investigadores. Aquí, es donde surge
otra problemática. Cada día se impulsa menos la investigación. No hablaré de estadísticas,
sino de la urgencia de promover de nuevo el espíritu exploratorio de la
ciencia. Un espíritu coherente, en servicio de la comunidad planetaria. No me detendré
en enunciar más problemáticas que resultan evidentes en todos los grandes
discursos sobre educación.

Como se mencionó al principio, existe un estado de letargo en la
mentalidad humana. Un falso andar espiritual, una pérdida de lo divino. Entonces,
es necesaria una cura. Y para que esa sanación sea posible es necesario hacer
una praxis coherente de todas las teorías que promuevan la verdadera búsqueda
del conocimiento. Sí, ciencia para curar y para comprender a los neoplatónicos,
al fin. Plotino, el uno y el todo. Hay que sacar al holismo del cliché en el que se encuentra y
comprenderlo a raíz en cada actitud y relación de uno mismo para con el resto de
los habitantes del planeta.

Porque podemos seguir leyendo libros y más libros sobre el nuevo
paradigma en educación, los valores en educación, las revoluciones científicas,
etc., y no comprender nada. Seguir escribiendo artículos arbitrados, para
acumular puntos en quién sabe qué programa. Negarle el saludo al vecino.
Sentirse especial.  Discursos que,
desafortunadamente, quedan presas de la normatividad del capitalismo. No mueven
nada, si no se ponen en práctica. Morin reflexiona:

La comprensión es al mismo
tiempo medio y fin de la comunicación humana. Ahora bien, la educación para la
comprensión está ausente de nuestras enseñanzas. El planeta necesita
comprensiones mutuas en todos los sentidos. Teniendo en cuenta la importancia
de la educación para la comprensión en todos los niveles educativos y en todas
las edades, el desarrollo de la comprensión necesita una reforma de las  mentalidades. Tal debe ser la tarea para la
educación del futuro. (Morin, 2008:11)

Ahora bien, no hay que perder de vista los conceptos fundamentales.
Educación, conocimiento, transformación y crecimiento. Resaltando el holismo
como concepto fundamental que interconecta al resto. Aquí, es donde entran las
reflexiones de Morin sobre Los Siete Saberes en educación y el pensamiento complejo. Discursos que fundamentan y dan la
pauta a ese tan deseado esquema de ruptura.

Los conceptos no tienen que quedarse en meras representaciones, tienen
que llegar a un nivel real de ejercicio. Tiene que existir una coherencia entre
el pensar y el hacer. Como dice Javier Echeverría: “Una cosa es la
correspondencia entre los enunciados científicos y el mundo real, y otra muy
distinta, y previa, la concordancia entre los resultados de las acciones científicas.”
(Wenceslao, 1998:123)  En base a esto
podemos preguntarnos si nuestro conocimiento es coherente con los valores
humanos y vitales.

Desde esta lógica se puede llegar a una transformación de fondo, la cual
inicia desde el individuo encargado de transmitir el conocimiento, pues
finalmente  es el “maestro” la figura en
quien recae una evaluación verdadera sobre la utilidad del conocimiento. ¿Es
coherente ser sabio y vivir en un estado de inarmonía e infelicidad? Es aquí,
donde entra a escena el concepto budista de la ascesis, el cual antes de
determinar un estado de represión hacia los placeres mundanos consiste en una
ardua disciplina del espíritu. El pensador no precisa perder su estado de
alerta, es decir, llegar al enfoque preciso de su estado mental para poder
entrar y salirse del lenguaje o de los juegos de lenguaje, como lo concibe
Wittgenstein en sus investigaciones filosóficas.

            El educador, una vez que ha llegado
a un nivel de plenitud intelectual, tiene que continuar su cultivo en otras
direcciones. Porque puede ocurrir que un exceso de intelectualismo solo desvié
al pensador de su labor originaria: Transformar. Es aquí, cuando el exceso de
pensamiento en lugar de provocar revoluciones se desvía por el camino del
egocentrismo,  esto es, el egoísmo y el
recelo por la propiedad privada del conocimiento: El hecho de poder decir “yo”,
de ser sujeto, es ocupar un sitio, una posición en la cual uno se pone en el centro
de su mundo para poder tratarlo y tratarse a sí mismo. Eso es lo que uno puede
llamar egocentrismo. (Morin, 1990: 97)

            Es aquí donde se hace la
conexión entre ascesis y cuerpo. En esto radica la verdadera sabiduría, en
conocer cómo transita la energía vital por nuestro ser vivo. Porque
necesariamente para que la transformación y crecimiento de lo humano ocurra se
necesitan de altos niveles de energía. No se puede enseñar desde el
resentimiento y el desequilibrio. Poner atención al funcionamiento adecuado de
cada uno de los órganos del cuerpo es una labor esencial.

Entonces, regresando a los conceptos esenciales del crecimiento de lo
humano. No hay que perder el enfoque: holismo. Educación, conocimiento,
transformación y crecimiento. Los cuales aunados a conceptos como la ascesis,
nos preparan el terreno para tener un ejercitar de la conciencia. Pensadores
occidentales como Henry Bergson nos han llevado a meditar sobre los límites de
nuestros sentidos. Sobre la neblina que reposa sobre nuestra conciencia.

            Así, es como se va tejiendo la gran
red del conocimiento. No se han gastado siglos de reflexión para seguir sumidos
en la barbarie. Si aceptamos nuestra ceguera y nuestra incoherencia como
principal obstáculo para transmitir el conocimiento ya es un gran paso. Ahora,
sabemos, que tenemos esa perturbación en nuestra ecología mental, tal como lo
entiende Leonardo Boff. Actuemos.

            ¿Y cómo es el actuar contra la
ceguera? Es estar alerta de nuestras condiciones emocionales, intelectuales, psicológicas,
espirituales, en todo momento. En la salud de nuestro cuerpo. No se puede
transmitir el conocimiento de una manera eficaz si no tenemos un control sobre
lo que sucede sobre nosotros mismos. Es aquí donde resulta bello recordar la
voluntad nietzscheana.

                El
conocimiento se sigue gestando por separado. Los discursos sobre epistemología
compleja se siguen gestando en su mayoría dentro de las escuelas de
humanidades. En ocasiones no existen vínculos evidentes entre las disciplinas.
El concepto de transdisciplina queda solo en eso en concepto sin representación
real. Por ello es necesaria la creación de puentes que vinculen a todas las
disciplinas, implementando talleres, curricula, centros de investigación de
cooperación. Para que la epistemología de lo complejo tenga una aplicabilidad y
no se quede solo en meros discursos académicos.

El mismo modo de proceder de nuestros textos académicos nos obliga en
ciertos instantes a seguir pensando desde el reduccionismo. Los encargados de
guiar las tesis siguen encajados en modelos obsoletos. O en ocasiones ni
siquiera tienen ese espíritu de pasión por el conocimiento. Si seguimos
pensando desde el mismo patrón jamás llegaremos a entender la complejidad.
Pensar la complejidad es vivir la complejidad. Es no quedarse estancando con
opiniones y categorías convencionales. Con tradiciones y métodos que sólo
opacan la conciencia y enferman el cuerpo. Morin anota:

El ser humano es a la
vez físico, biológico, síquico, cultural, social, histórico. Es esta unidad
compleja de la naturaleza humana la que está completamente desintegrada en la
educación a través de las disciplinas y que imposibilita aprender lo que
significa ser humano. Hay que restaurarla de tal manera que cada uno desde
donde esté tome conocimiento y conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja
y de su identidad común a todos los demás humanos.

         Para poder acceder a una vida desde la
complejidad es necesario aprender a respirar. Esto se lleva a cabo desde una
toma de conciencia, detectando los momentos en que la energía vital se estanca
en nuestro organismo. Hay que aprender a desbloquear. Instantes en los que la
saturación intelectual nos desvía de la claridad y el objetivo, es necesario
parar y ponerse a respirar. Para que el pensamiento fluya de una manera
adecuada y pueda desencadenarse ese pensar complejo.

                Otro
modo de ser en el mundo o el modo de vivir desde lo complejo se relaciona con
el caminar. Caminar significa estar en estado de alerta instante a instante en
el movimiento de una pierna y la otra, moviéndose en estado ligero, como un
danzarín orgulloso de pertenecer al planeta tierra.

Mirar desde lo complejo significa estar enfocado en cada uno de los
fenómenos de la madre tierra. Ver el estado de la luz durante el día, detectar
los cambios de energía en los distintos espacios en los que nos movemos para no
dejarnos contaminar por energías que no están aun en el ritmo de la complejidad
y el holismo.

El actuar holista consiste en pensar, mirar, sentir, observar la
totalidad. No es un pensar introspectivo, que camina sin darse cuenta de los
aromas de los árboles, de los tonos del atardecer día a día, de los movimientos
de la tierra, la luna, las flores. Un guerrero holista actúa desde la
complejidad instante a instante. No se detiene en pensamientos inútiles,
negativos, que solo contaminan la atmósfera. En palabras de Osho:

La vida es un
momento para celebrar, para disfrutar. Haz de ella diversión, celebración y
entonces entrarás en el templo. El templo no es para los que tienen caras
largas; nunca ha sido para ellos. Mira la vida: ¿Ves tristeza por alguna parte?
¿Has visto alguna vez un árbol deprimido? ¿Has visto un pájaro ansioso? ¿Has
visto algún animal neurótico? No, la vida no es así en absoluto. Únicamente el
hombre se ha equivocado en algún momento porque piensa de sí mismo que es muy
listo, muy sabio. Tu astucia es tu enfermedad. No seas demasiado sabio.
Acuérdate siempre de parar; no vayas al extremo. Un poquito de locura y un
poquito de sabiduría es bueno y la combinación correcta te hace un Buda. (Osho:2008)

Ve los problemas del mundo
con prudencia y empieza a solucionarlos desde su actuar. Se vuelve tan luminoso
y lucido que poco a poco va invadiendo toda la atmósfera a su alrededor. Se
transforma en un ser amado y que ama a cada uno de los habitantes de este
planeta: microbios, homeless,
directores, políticos, autoridades, etc. Ha comprendido la totalidad. No puede
seguir insultado, responde con actitudes holistas. Como menciona Morin: Habrá
que señalar la complejidad de la crisis planetaria que enmarca el siglo XX mostrando
que todos los humanos, confrontados desde ahora con los mismos problemas de
vida y muerte, viven en una misma comunidad de destino. (Morin, 2008, 10)

Pensar la totalidad es
hacer la epistemología de lo complejo al acercarse al objeto de estudio. Es el
sueño husserliano de la totalidad, abarcar todas las perspectivas posibles de
la cosa, sin el velo de la conciencia. Es necesario promover este método del no
método en los lugares donde se esta promoviendo el conocimiento. Hay que
inundar de esta guerra a la ceguera todos los lugares donde se promueva la
ciencia.

Educar para mirar y salir
radiantes en cada uno de nuestras pulsaciones espirituales. Regalar la gratitud
a cada ente que nos rodea. ¿Suena fácil? Sì. Para ello el educador tiene que
armarse de todas las estrategias existentes para tener la fuerza necesaria para
luchar. No hay que perder la fuerza. Al menor síntoma de nihilismo,
existencialismo o desencanto, el educador tiene que darle frente con ayuda de
los métodos holistas de sanación.

Hay que llenar de holismo
a las políticas educativas. Y no me refiero a políticas educativas
institucionales. Sino aquellas que ejercemos desde nuestra cotidianidad. El
educar no es solo una actividad de un individuo con titulo de docente. Barthes
medita:  “Quiero cambiar de sistema: no
desenmascarar más, no interpretar más, sino hacer de la conciencia misma una
droga y a través de ella acceder a la visión sin remanente de lo real, al gran
sueño claro, al amor profético”. (Barthes, 1982: 67)

BIBLIOGRAFÍA

Barthes, Roland (1980), Fragmentos
de un discurso amoroso, Siglo XXI Editores, México, p. 254.

Bunge, Mario (1980), Epistemología.
Siglo XXI Editores. Buenos Aires, p. 252.

Morin, Edgar (1990), Introducción
al pensamiento complejo. Ediciones Gedisa, Barcelona, p. 167.

____________, (2008), Los Siete
Saberes en educación.

http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001177/117740so.pdf

Más de Espiral 18