Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense de Madrid.
1.- Aproximación político–estética al fenómeno de la guerra.
La guerra es un fenómeno específicamente humano. El hecho de que
la guerra haya mutado de manera tan radical a lo largo de los tiempos evidencia
claramente que se trata de un producto de la cultura. Desde una perspectiva
antropológica y una aproximación estético-política de la guerra –según el
modelo inaugurado por Jünger y sus Tempestades de Acero[1] y continuada por Sloterdijk
en sus Temblores de Aire[2]–,
podemos sostener que la guerra moderna ha cambiado de modo radical con el hecho
logístico –no menor– de no poder verle el rostro al enemigo, esto hace que ya
no pueda hablarse de un Frente. En el frente ya no se hayan actores
humanos sino monitores, cámaras (la imagen reemplaza a las palabras escritas,
con su aplastante fuerza visual y mediática), ya no se ve el rostro del
adversario ni el de las víctimas sólo mercados, edificios devastados y oficinas
de monitoreo con evaluadores militares. Las guerras modernas son, pues,
asépticas, son guerras donde no se ven las víctimas, donde no hay sangre ni
quejidos de heridos[3].
El
paradigma de la guerra mediática fue la noche del 17 de enero de 1991 cuando
las imágenes enviadas por la CNN dieron la vuelta al mundo, una guerra donde no
se veían las víctimas, donde no había sangre ni quejidos de los heridos… La
imagen reemplaza a las palabras escritas, con su aplastante fuerza visual.
2.- El
Proyecto Ruanda o cuando el horror no tiene rostro.
En la
última década hemos sido testigos de un fenómeno estético-político de gran
alcance, una operación político gubernamental de blanqueamiento de imagen, de
manipulación de imágenes o ––si se quiere–– de su secuestro, perpetrado por
países como Estados Unidos, que bajo alianza estratégica con bancos de datos
como los de Microsoft, no dejan circular ciertas fotografías y registros
visuales que comprometen su imagen en el concierto internacional: imágenes de
la intervención militar en Iraq o las prácticas de encierro y tortura en los
campos de prisioneros en las bases militares de Guantánamo. Probablemente por ello,
por este secuestro de las imágenes y a diferencia de Vietnam – donde el rol
jugado por los corresponsales de guerra fue decisivo para sensibilizar a la
población civil– la cobertura extensiva de la guerra en Iraq mantuvo el nivel
de conformidad pública en los Estados Unidos, a pesar de la vociferante
oposición masiva. Durante la invasión de Iraq, desde marzo hasta mayo de 2003,
se produjeron más imágenes –ya fuera en televisión, en fotografía o en
internet– que en cualquier otro período comparable de la historia, sin embargo
aquí ha tenido lugar, en el decir del artista visual Alfredo Jaar, un
secuestro de las imágenes. Las mismas que el ha intentado recuperar, mediante
su prolífico trabajo de documentación de catástrofes y genocidios como el
acontecido en Ruanda. Jaar trabaja con la idea de la desaparición de las
imágenes. En esta misma instalación encontramos la idea de la manipulación de
las imágenes, su privatización y posterior desaparición. Esto obedecería a la
convicción de los gobiernos acerca del poder de las imágenes, tesis refrendada
históricamente por el caso de Vietnam, donde las imágenes detuvieron una
guerra, jugando allí un rol preponderante los corresponsales de guerra que
lograron sensibilizar a gran parte de la población civil. A esto se le teme,
por ello no se deja a las imágenes circular y más bien se les secuestra.
A esta
lógica, esto es al aprendizaje de la lección de Vietnam, corresponde el así
denominado efecto CNN, donde por medio de una gran operación mediática de
maquillaje se presento una ––aparente–– guerra aséptica e indolora.
La Guerra del
Golfo, con sus mentiras y falsa creencia de que podía retransmitirse una guerra
“limpia” e indolora, sin sufrimiento y en directo, inauguró una nueva época en
cuanto al tratamiento de los conflictos por parte de los medios de
comunicación, preparando el terreno de lo que luego sería otra operación
mediática maquillada: Somalia. Desde entonces se habla del llamado “efecto
CNN”, para describir la existencia de un tremendo poder de influencia de la
televisión para desencadenar respuestas políticas ante determinados escenarios
conflictivos, en los que el sufrimiento de las personas es retransmitido en
directo.
Ahora
bien, partir de los años ’80, paralelamente al proceso de desregulación de los
sistemas de comunicación, de la privatización de las telecomunicaciones y del
crecimiento de los conglomerados donde estaban reunidos el software y el
hardware, hubo una desestabilización conceptual. Es decir, muchos conceptos que
tenían un sólo sentido, se volvieron polisémicos. Paralelamente, también,
surgieron nociones como “globalización”, “mundo libre” que nuclearon los
debates internacionales.
En una
primera etapa el concepto de globalización se usó en los sistemas financieros y
luego se expandió a partir del uso de la red de internet. Y esto sucedió en un
contexto triunfalista del modelo de desarrollo neoliberal.
3.-
Alfredo Jaar: El lamento de las imágenes.
Alfredo
Jaar, uno de los más importantes artistas visuales latinoamericanos, desarrolló
su obra-proyecto Ruanda con miras a la sensibilización sobre el genocidio
acontecido en 1994, y sobre el cual hubo un silencio cómplice por parte de la
comunidad internacional. Conmovido por el genocidio de Ruanda de 1994, viajó
allí, y en lugar de mostrar imágenes cruentas de una de las peores matanzas de
la edad moderna, optó con sabia sensibilidad por focalizar el hecho en los
ojos de Nduwayzu ––un pequeño sobreviviente–– imagen que reitera copiándola un
millón de veces hasta formar una montaña de un millón de diapositivas,
se trata del Lamento de las Imágenes, el reverso de su instalación donde
se experiencia una luz cegadora, donde ya no quedan imágenes posibles para
representar el horror.
Para
ciertos analistas convencidos del “efecto CNN” en Ruanda no se actuó durante
los dos meses de apogeo genocida por la ausencia de imágenes, mientras que el
desembarco mediático sí se produce cuando surge el éxodo de millones de
personas y se extiende el cólera y la muerte, con escenas que el gran público
no puede soportar-consumir[4].
5.- El
espectáculo humanitario.
Ciertos
tratamientos mediáticos de las crisis humanitarias, y en virtud de las
posibilidades de retransmitir en directo, han logrado convertir auténticos
dramas humanos, éxodos masivos o epidemias de gran mortalidad en espectáculos
de gran audiencia. Hemos comentado ya el caso dramático de Ruanda en 1994,
cuando se produce un genocidio sin apenas periodistas internacionales que
pudieran explicarlo, y mucho menos mostrarlo. No es hasta dos meses después ,
cuando el cólera se cobra decenas de miles de muertos en los alrededores de
Goma, que centenares de periodistas de todo el mundo se acercan a la zona,
invaden todos los hoteles de la ciudad, ocupan el aeropuerto con un
impresionante despliegue de parabólicas y ordenadores, y se organiza un
auténtico “escaparate telemático de la muerte”, cuando no una verdadera
búsqueda y captura del agonizante más esquelético o el cadáver de mayor impacto
visual, además de mostrar las proezas de os nuevos héroes, los “humanitarios”.
Roskis puso el dedo en la llaga cuando señalaba que no fue la guerra civil, la
masacre planificada de centenares de miles de tutsis y de opositores hutus, lo
que inspiró más a las cámaras, periódicos, magazines y televisores, sino la
liturgia humanitaria, “éxodo y sacos de arroz, huérfanos y dispensarios,
humanidad maltratada y benefactores decididos, imágenes de desgracia y
movimiento de salvadores”.[5]
Periodistas
y humanitarios se vieron obligados a compartir mesas en hoteles y restaurantes,
pero acompañados a veces de unos recién exiliados: militares y políticos del
defenestrado gobierno ruandés, los planificadores del genocidio y los
escuadrones de la muerte, sin que fueran realmente interpelados por nadie,
porque la atención mediática no pasaba por adentrarse en las causas de cuanto
sucedía, ni en señalar los causantes de tanta muerte, sino únicamente en
mostrar el espectáculo de las consecuencias. Y así durante semanas y meses,
consumiendo imágenes de muerte y desolación, sin atinar en que si hay víctimas
es que también, forzosamente, ha de haber culpables. De esta forma, el
espectáculo humanitario basado en operaciones para su consumo mediático se
convierte en el peor enemigo de la misma acción humanitaria, porque dicho espectáculo
“no significa el retorno al altruismo, sino el confort moral, nueva modalidad
de la satisfacción hedonista”[6].
Dr.
Adolfo Vásquez Rocca
Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid,
Departamento de Filosofía IV, Estética y Antropología. Profesor de Postgrado
PUCV; Profesor de Antropología y de Estética, Departamento de Artes y
Humanidades, UNAB. En Octubre de 2006 y 2007 es invitado por la Fundación Hombre y Mundo y la UNAM a dictar un Ciclo de Conferencias Magistrales en México.
Profesor visitante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Profesor Asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado UCM.
Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Editor Asociado de Psikeba —Revista de
Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de
Escaner Cultural —Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo
Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo,
Buenos Aires, http://www.konvergencias.net/
Bibliografía:
– WOLTON, Dominique,
“Elogio del gran público. Una teoría crítica de la televisión”, Ed.
Gedisa, España, 1992.
– BAUDRILLARD, Jean,
Pantalla Total, Editorial Anagrama, Madrid.
– CROVI DRUETTA,
Delia, “Medios y telecomunicaciones en el camino de la desregulacion”, en
Razón y Palabra, Número 12, Año 3, octubre 1998 – enero 1999.
– FISAS, Vicenc, Cultura
de paz y gestión de conflictos. Ediciones UNESCO, Barcelona, 1998.
– VÁSQUEZ ROCCA,
Adolfo, “Sloterdijk; Entre rostros, Esferas y Espacio interfacial. Ensayo de
una historia natural de la afabilidad”, En EIKASIA, Revista de Filosofía, Nº 17
– 2008, ISSN 1885-5679 – Oviedo, España, pp. 221-235 http://www.revistadefilosofia.com/17-05.pdf
– BRAUMAN, Rony,
L’action humanitaire, Flammarion, 1995.
– VÁSQUEZ ROCCA,
Adolfo, “Peter Sloterdijk: Temblores de aire, atmoterrorismo y crepúsculo
de la inmunidad”, En NÓMADAS, Revista Crítica de Ciencias Sociales y
Jurídicas – Universidad Complutense de Madrid, | Nº 17 | Enero-Junio 2008 -1º /
1 | pp. 159-168, http://www.ucm.es/info/nomadas/17/avrocca_sloterdijk3.pdf
– BAUDRILLARD, Jean, La Transparencia del mal, Editorial Anagrama,
– VÁSQUEZ ROCCA.
Adolfo, “Ernst Jünger: tempestades de acero o la entrada en escena de los
titanes”, en KONVERGENCIAS Literatura, Nº 7 – 2008, Capital Federal,
Argentina, pp. 62-74,
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2572644&orden=154145&info=link
[1] JÚNGER,
Ernst, Tempestades de Acero, Ed. Tusquets, Barcelona, 2005
[2] SLOTERDIJK,
Peter, Temblores de aire, en las fuentes del terror, Ed. Pre-Textos,
Valencia 2003
[3] VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo,
“Sloterdijk; Entre rostros, Esferas y Espacio interfacial. Ensayo de una
historia natural de la afabilidad”, En EIKASIA, Revista de Filosofía, Nº 17 –
2008, ISSN 1885-5679 – Oviedo, España, pp. 221-235
http://www.revistadefilosofia.com/17-05.pdf
[4] FISAS,
Vicenc, Cultura de paz y gestión de conflictos. Ediciones UNESCO,
Barcelona, 1998, p. 69
[5] ROSKIS,
Edgard, “Fotografía y Verdad”, Le Monde Diplomatique, diciembre 1996,
pp. 26 – 29 .
[6] BRAUMAN,
Rony, L’action humanitaire, Flammarion, 1995, p. 89.
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