Un
día de esos que no quisiera recordar, el calor se siente
como mil flechas sobre la piel. Jenizeth camina por la calle Morelos
fatigadamente. Si no se refresca pronto va a desmayar. Taquicardia
de domingo por la mediodía, punzadas en las sienes. Ve en
una esquina: Café Paraíso. Entra al lugar. No hay
clientes. Se sienta ocupando una mesa y pide a un mesero un refresco
y hielos “divorciados” –suena casi a ruego-. Enciende
un cigarro light con un cerillo y ligeramente se quema el dorso
de la mano: Sentir. Se quita los lentes de aumento y los de sol,
que llevaba sobrepuestos. Llega su soda y ella da un trago largo,
con un deleite infantil. Entrelazada con el humo mareador de su
cigarro, ve a la chava de la mesa de a lado: es idéntica
a ella: cabello rojo y ondulado como de los cuarentas, blanca, muy
delgada. También lleva los lentes de sol sosteniéndole
el pelo. También bebe refresco con los hielos aparte y fuma
cigarros light. Sin haberse visto, las dos comienzan a tararear
al mismo tiempo la canción “Just Like Heaven” de
The Cure que se oye en las bocinas.
Show
me show me show me how you do that trick… makes me scream she
said… just like heaven… Casi el paraíso.
Ambas
hacen… nada. Sólo están. Las dos ven miran su
reloj con insistencia. Al rato llega el novio de la que no es Jenizeth:
un joven moreno, de cabello oscuro, crespo. Ella sonríe al
verlo y lo llena de besos mientras él se sienta, mas él
parece estar más interesado en que ella no le ensucie su
T-shirt de Armani Exchange. Él pide una cheve y unos nachos.
Ella le da de comer en la boca y a él no parece quitársele
lo amargado. Ella platica y él como que está en otra
parte. Jenizeth ve la escena y se enoja por el patético espectáculo.
La indignación le hace hervir el estómago. Siente
pena ajena. Luego llega su propio novio, y es idéntico al
novio de la chava que no es Jenizeth: moreno, cabello oscuro, crespo.
Jenizeth lo llena de besos y él se quita, él pide
unos nachos y una cheve, parece ausente, nomás voltea hacia
Jenizeth cuando ella le tiene listo el nacho adecuado: poquito de
frijoles, poquito de lechuga, poquito de queso, aguacate, salsa.
La cantidad adecuada para que no se escurra y se embarre en su T-shirt…
sí, Armani Exchange. En la música digital del café
algo ocurre y suena just like heaven, just like heaven, just like
heaven una y otra vez. Jenizeth se desespera, y con un nudo en la
garganta le avienta a su novio los nachos, la cerveza y los restos
de la soda, embarrándole concienzudamente el cabello, la
cara, la camiseta y la parte donde van sus genitales. Jenizeth sale
apurada del Paraíso, y curiosa, ve por una ventana, en segundo
plano, que su ahora ex se está limpiando echando madres,
y en primer plano… busca a la otra chava para ver si hizo lo mismo
con su chavo. Pero sólo hay mesas vacías.
Norma Yamille Cuéllar Fuentes
/ Monterrey, 1977.
Después de años de promotoría cultural se dedicó
solamente a escribir. En el 2005 obtuvo el tercer lugar en el Concurso
El Rock es Puro Cuento, convocado por la revista La Rocka con el
texto “La Última Carta”, que será publicado
en una antología del certamen.
Ese mismo año su relato “La Otra Llorona” recibió
mención honorífica en el V Concurso Nacional de Cuento
¿El crimen como una de las bellas artes? del Icocult, y será
publicado en una antología en Editorial Porrúa. También
en 2005, con la obra “Mujer Mirando Hacia Otra Parte”,
obtuvo mención honorífica en el XII Premio Nacional
de Cuento Carmen Báez, y fue incluida en un libro del Colectivo
Artístico Morelia.