·

Comprensión de la comunicación, comprensión de la obviedad existente

Comunicación desde la postura Lingüístico –
Hermenéutica – Fenomenológica.

Imelda García Velázquez

El fenómeno comunicativo conforma una parte
importante de la sociedad humana; el hecho de que entre los hombres
existan canales de comunicación e interacción da lugar
a la aparición de los lazos que unen a las personas de todo
el mundo. Dichos lazos conforman, entre sí, la totalidad
de imbricaciones que llevan a cabo el completo embonamiento de sus
diversas partes.

Hablamos de comunicación siempre que nos
referimos a este tipo de relaciones entre los hombres, a los problemas
de interacción o a, simplemente, los famosos medios de comunicación.
Sin embargo, debemos preguntarnos: ¿qué es comunicación?

Como primer punto de partida, considero que debemos
deslindar esta falsa imagen de que comunicación se refiere
exclusivamente a los medios. Definitivamente, los medios de información
solamente significan una pequeña parte del universo total
de la comunicación, y son los encargados de llevar mensajes
a los receptores (según la postura empírico analítica);
sin embargo, la comunicación abarca un concepto mucho más
extenso y profundo que el de la simple transmisión de mensajes.

El lenguaje tiene un papel fundamental en la comprensión
de la comunicación, ya que conforma su base. El lenguaje
es el más extenso de los conceptos de comunicación,
ya que se refiere a todas las formas de expresión que existen,
sean estas verbal, corporal, gráfica o musical. Es entonces
donde sale a la vista la importancia real del lenguaje: sin él
no hay pensamiento, no hay expresión, no hay, por consiguiente,
sociedad ni humanidad.

Ahora bien; observando esta afirmación,
se puede decir que la comunicación es prácticamente
indefinible, ya que, según corrientes como la fenomenología
(que es el estudio de todo lo nombrado) la comunicación debería
estudiar todo lo existente, todo lo creado, todo lo culturalmente
hecho para el hombre en sociedad y por la naturaleza en comunión.
Es entonces, el estudio de todo lo que existe, porque únicamente
existe aquello que tiene nombre, aquello que contiene una carga
cultural para el ser humano.

La comunicación entonces se vuelve un acto
espiritual, por el hecho de ser interior; atañe al hombre
en sus problemas interiores, los cuales pasan por un proceso de
codificación y son reflejados después en su exterior,
permeando entonces a todo el círculo social al que pertenece.

Como acto espiritual, la comunicación conforma
la mentalidad del individuo y de la sociedad, formando el imaginario
colectivo que después atiende al tono y la línea de
la cultura de que se trate. Es entonces un problema trascendental
de la humanidad, si no es que puede ser tomado como la base de la
creación de la misma.

Decimos, por ejemplo y siguiendo las afirmaciones
de Aristóteles, que el hombre es un ser político por
naturaleza. Sin embargo, ¿cómo podemos dar ese paso
de ser individual a ser colectivo?… Esto tiene relación
directa con el fenómeno de la comunicación, ya que
en algún momento hubo de tener lugar un contacto entre los
seres que pensaban relacionarse entre sí para convertirse
en sociedad.

Tenemos entonces que la comunicación es
un fenómeno eminentemente humano, ya que es sólo él
quien tiene la capacidad de dar a las formas de lenguaje y comunicación
un sentido y una intencionalidad.

En cuanto al sentido, buscamos elementos para la
interpretación correcta de los mensajes que son producidos
en el contexto determinado. Aquí, considero necesario mencionar
el ejercicio del periodismo con convicción, ya que la contextualizacion
de los mensajes periodísticos es necesaria para tener la
información correcta de los acontecimientos que ocurren.
Es por esto que muchas veces los mensajes informativos producidos
en los medios de difusión adquieren otra dimensión
distinta a la que realmente tienen, por la falta de sentido que
toman al no tener una correcta interpretación, sea por carencia
de datos o de contexto.

Hablando de la intencionalidad, los autores inscritos
de la postura lingüístico – hermenéutica
– fenomenológica afirman que todos los mensajes llevan
implícita o explícita una intención. No hay
mensajes inocentes. El deseo del hombre es lo que lo mueve a realizar
acciones y formular planteamientos que intentan estructurar las
formaciones sociales existentes. Es por esto que los mensajes producidos
por el ser humano llevan una importante carga de intencionalidad
de hacia dónde se dirigen y a dónde llegan.

La práctica periodística nos lleva
a decidir acerca del manejo y manipulación de la información.
Esta intencionalidad en los mensajes es totalmente pragmática,
materializada la mayoría de las veces en cuestiones como
el manejo o la jerarquización de la información, lo
que muestra que los mensajes no son dichos con inocencia.

Sin embargo, el problema de la intencionalidad
viene a colación con fenómenos de abstracción
más profundos. El hecho de que un mensaje sea llevado a medios
palpables (formas de expresión) para que sea comprendido
por los demás, conlleva ya de por sí una intención,
sea cual fuere ésta: expresar: manipular, informar, desahogar,
etc.

Dentro de esto encontramos también el hecho
de que cada cosa tiene un sentido, una razón de existir.
Cada cultura cuenta con sistemas de significación que a veces
son compartidos, absorbidos o rechazados por otras. Debemos mencionar
aquí, por ejemplo, las costumbres, la vestimenta, las reglas
sociales, los modelos de comportamiento, las formas de expresar
sentimientos, las representaciones artísticas, las posiciones
aprobadas o desaprobadas socialmente, y vemos que todas éstas
contienen una fuerte carga cultural y son, por consiguiente, constantes
formas de comunicación en una determinada sociedad.

Por esta razón es importante todo el sentido
que se da a cada uno de estos mensajes, así como su representación.
Hall hace un importante estudio al respecto, al decir que, por ejemplo,
en algunos lugares la puntualidad es muy importante y en otros es
una grosería, por lo que es prioridad conocer el contexto
necesario para lograr una adecuada interpretación del mensaje
dado en determinados casos.

A través de diversas disciplinas hallamos
que el discernimiento del verdadero sentido de las cosas es principal
para lograr la comprensión de la sociedad y del lenguaje
que le sirve de base.

La comunicación es también expresión.
Simple y llanamente, expresión. Pensamientos, sentimientos,
resultados, intenciones, son objeto de la comunicación a
través del lenguaje. A través de la comunicación
se inventan mundos, se mueve la historia, nace y crece el mundo,
muere cada día con él y amanece con los pensamientos
convertidos en palabras de cualquiera y de nadie a la vez.

La comunicación da forma a los relatos de
identidad de una sociedad. Estos relatos de identidad conforman
la base cultural y, por tanto, humana de cualquier colectividad,
sea occidental, oriental, etc. ¿Podemos imaginar lo que sería
del hombre sin un relato de identidad?

Como su nombre lo indica, estos relatos de identidad
da al individuo la idea de pertenencia a un grupo social. Esta idea
de pertenencia lo lleva a conformar sus raíces en este grupo,
haciendo de él su núcleo de acción. Surgen
de estos elementos cuestiones como la nacionalidad, la etnicidad,
etc., que dan forma a la conciencia social del ser humano.

Cuando tiene lugar una crisis de identidad en una
Nación comienzan a tenerse serios problemas en cuanto a unidad
y coherencia del pueblo; se empiezan a crear héroes, mitos
(como el enarbolar el amor patrio a través de un equipo de
futbol) para tratar de darle solución al problema y unir
nuevamente a la gente.

Ahora bien, para la postura empírico-analítica
el fin fundamental de la comunicación es el de lograr el
éxito en las diferentes tareas productivas que el hombre
emprende. Para el comunicólogo que está inscrito en
esta postura, la comunicación es vista como un proceso en
movimiento, donde lo que importa no es tanto qué se dice,
sino cómo se dice y cómo llega al receptor. Encontramos
entonces aquí una idea relacionada con la operatividad y
la efectividad de la comunicación, es decir, se enfocan en
los resultados obtenidos con el uso de la comunicación.

Para esta postura, la comunicación es un
conocimiento meramente instrumental que sirve para determinados
fines, para producir algo. Busca obtener algo material, como dinero
y ganancia, o quizá se usa con fines de dominación,
prestigio o lucro. Vemos entonces que es un proceso lineal, utilizado
en un esquema básico de uso: medios – fines –
resultados.

Otra vertiente que toman los autores inscritos
en esta postura son aquellos acerca de los efectos provocados por
la comunicación. Para la postura empírico-analítica,
es de relevancia saber, por ejemplo, cómo se comportará
determinado tipo de mercado, o cuál es la campaña
publicitaria que hará que se venda más algún
producto, para poder así instrumentar un adecuado uso de
la comunicación para conseguir el correcto funcionamiento
social.

La postura sistemática de la acción
maneja un concepto de comunicación totalmente distinto. Para
ellos no se trata de lograr el dominio, sino la igualdad. Existe
un interés en el acto comunicativo por liberar, por emancipar
al oprimido en este sistema de dominación capitalista.

Para estos teóricos, el hombre debe lograr
trascender a su condición de opresión, elevando su
conciencia a un plano superior para poder entender que está
siendo explotado y conseguir la liberación. Esta es la verdadera
finalidad de la comunicación, según autores de esta
postura.

¿Cuál es entonces la finalidad de
la comunicación en esta postura?. Su finalidad consiste en
producir, crear o inventar nuevas formas de comunicación
que logren el fin predeterminado de darle al hombre las armas ideológicas
y de preparación para poder enfrentar al enemigo capitalista.

Las tres posturas manejan cuestiones radicalmente
distintas, sobre todo si tomamos en cuenta los fines que cada una
de ellas persigue de manera particular.

En la postura lingüístico – hermenéutica
– fenomenológica la comunicación es un fenómeno
de empatía; para lograr la tan mencionada comprensión
que buscan estas ciencias, se debe poner en marcha el método
de empatía creado por Weber

Siguiendo los preceptos de cientificidad de esta
postura, la comunicación carece de leyes o modelos que nos
hablen de la manera en que se realiza. Al ser un fenómeno
humano, espiritual, expresivo, etc., es imposible que se pueda establecer
un modelo que rija un acto que es exclusivamente de aquel que lo
lleva a cabo.

Así, encontramos que todas y cada una de
las maneras de actuar del ser humano es comunicación: desde
el simple hecho de vestirse o caminar de determinada manera, hasta
usar un tipo especial de jerga o habla. Aquí en lo personal,
surge una interrogante:

Se habla de que todo es comunicación. Comunicación
es expresión de deseos, que es, a su vez, lo que mueve al
mundo. Pero, ¿qué ocurre con aquellas cosas que son
dichas o hechas de modo inconsciente?, ¿Llevan impreso el
signo de la cultura del individuo o son hechos aislados a los demás?,
¿existe, en este contexto científico, hechos que sean
aislados, o todo el tiempo actuamos en sociedad?

El relato de la posmodernidad argumenta que el
individuo vive en comunidades, que surgen gracias a una crítica
que se da a la civilización occidental. Es lógico
pensar que esta crítica se da a través de la palabra,
del lenguaje; y vemos entonces que el lenguaje se vuelve la causa
primera de los cambios sociales. A diferencia de Marx, que ve a
la lucha de las clases sociales como el motor de la historia. Pero,
si pensamos un poco más allá, y aunque estas ideas
resulten un tanto vagas, que esta lucha de clases se da gracias
a la existencia de pensamientos contrarios. Estos pensamientos tienen
como vía de expresión al lenguaje; sin éste,
ninguno de los problemas entre contrarios tendría lugar,
ya que no habría conciencia respecto de las ideas y, por
consiguiente, de nada que acompaña en su vida actual al ser
humano.

Wittgenstein nos habla de que el lenguaje es el
fundamento de la existencia humana, ya que el mundo es el lenguaje.
Esto se refiere a que la existencia depende de lo creado con símbolos
y signos por el hombre. Así, encontramos que toda la carga
cultural de cada uno de los elementos que nos acompañan forma
la parte medular de nuestra vida cotidiana.

Con más dudas que certezas, me atrevería
afirmar que la comunicación es el acto medular que da forma
y razón de ser a las sociedades. Puesta a trabajar a través
del lenguaje, la comunicación se conforma entonces como aquel
código que todos compartimos y que, simplemente, nos hace
ser humanos.

Bibliografía
Lumbreras, Jorge. (1998) Posturas de conocimiento de la comunicación,
UNAM, México.
Mardones, J.M. y N. Ursúa, (1988) Filosofía de las
Ciencias Humanas y Sociales, Fontamara, México.

Más de Espiral 6