·

Ruido, o un punto muerto en medio de la hora

El sonido comenzó en la madrugada; cuando todos los seres de este mundo habitualmente dormimos. Un insomne cazó su inicio: fue un pitido lento como una punzada en la sien. Y como ella, fue progresivo.

El insomne se sintió profundamente acompañado en tanto los perros ladraban su descontento.El ruido avanzaba con la madrugada; o mejor dicho, le era inversamente proporcional.A medida que esas luces rosas que extrañamente tiene el cielo iban apareciendo, el ruido se colaba como plaga dentro de las casas. Entraba por debajo de las puertas; traspasaba los mínimos orificios de los mosquiteros; impregnaba las paredes de imperceptibles vibraciones. Era un flujo que se extendía. Hasta que la mañana apareció.

Las personas que habitualmente dormimos iniciamos el regreso de los cuarenta mil sueños; traspasamos las puertas de nuestros oníricos infiernos: despertamos. En nuestras orejas, el ruido fluvial se convirtió en nota discordante. Para evitar oírlo, las personas que habitualmente dormimos, prendimos la tele; hicimos licuados de plátano; trotamos alrededor de la sala. Con semejante competencia, el pitido empezó a hacerse difuso; o mejor dicho, a integrarse a la sinfonía de ruidos ambientales cotidianos.

En ese momento, el insomne recuperó su instinto gregario. Apagó la alarma del despertador que hasta entonces nos había acompañando y, poco a poco, logró conciliar el sueño.

Elizabeth Villa

[email protected]

…

Más de Espiral 1