La Cultura Global Occidental vs lo Local Oriental ¿Los Simpson en Arabia seguirán siendo los originales?

 Palabras Clave
Identidad, Cultura, Glocalización, Televisión, Adaptación, Productos Culturales, Imperialismo Cultural.

Objetivo

La finalidad de este trabajo es abordar el fenómeno de la globalización de los productos culturales occidentales que se insertan en una cultura local oriental, en específico el caso de la transmisión de la serie animada Los Simpson en Arabia Saudita y, de este modo, explicar que a partir de estos intercambios interculturales que llevan significados de lo global a lo local se da la glocalización, fenómeno que ocasiona que las series televisivas sean adaptadas para incrustarse en la cultura receptora de productos culturales extranjeros.

Introducción

Los Simpson, son una serie animada de televisión que retrata a una familia estadounidense disfuncional y que también representa una sucesión sutil de reflexiones sobre la vida y la cultura norteamericana.   De ahí que para poder ser transmitida en los Emiratos Árabes tuvo que sufrir ciertas transformaciones, por ejemplo Homero ahora se llama Omar Shamshoon , no come donas sino galletas tradicionales árabes llamadas khak, no bebe cerveza sino refresco y tampoco come tocino ni salchichas sino carne asada a la egipcia.
Dichas adaptaciones se llevaron a cabo por causas religiosas pues no hay que olvidar que en Arabia la mayor parte de la población practica el Islam.
Lo poco que sabemos de esta cultura nos llega a través de los medios de información y nos hace pensar que son una sociedad aislada, cerrada y atrasada pero no es así pues el televisor a color en los hogares, inunda con sonidos, imágenes e innumerables mensajes la sala-habitación de las casas. De esta manera cada familia está interconectada ya sea a Los Ángeles, París o Inglaterra y pueden consumir Los Simpson (ahora Al Shamshoon )
, American Idol (Star Academy en Líbano) o Survivor.
Aunque este no es un trabajo que aborde el impacto de la televisión en la vida local de la sociedad árabe, sí está enfocado en la televisión como medio de influencia cultural pues recordemos que el centro de la vida de los Simpson es el televisor frente al cual se sientan cada uno de los miembros de la familia de piel color amarillo, a ver la parodia de Tom y Jerry (Itchy & Scratchy en inglés o Tomy y Daly en la versión al español).
Por un lado, Los Simpsons, en su versión árabe, debutaron durante el Ramadan, una época de alto encendido de la televisión de esa región que, por ser un mes sagrado de purificación, las familias están la mayor parte del día dentro del hogar. Por supuesto que la animación original ha sido respetada, pero las voces se doblan al árabe y los guiones de cada capítulo se han adaptado para hacer la transmisión más accesible y aceptable a estas audiencias.
Por otro lado la red de televisión árabe MBC ha hecho otras modificaciones a la serie, por ejemplo el travieso Bart ahora se llama Badr, y el bar de Moe ha sido totalmente reescrito. Otros personajes que han salido del programa son el judío Krusty el payaso y el Reverendo Lovejoy, aparentemente para evitar que “corrompan” al público, además de que la cadena MBC contrató actores árabes para darles voz a los personajes.
Si bien sabemos que la comercialización de estos productos culturales occidentales tienen un fin meramente económico también es importante analizar cómo y cuáles son las transformaciones que sufren los programas de entretenimiento televisivo para acceder a una cultura que es
completamente distinta en cuanto lenguaje, tradiciones y religión como es el caso de los Emiratos Árabes. Así aunque el mundo no llegue a convertirse en la “aldea global” que imaginó McLuhan, cada lugar del planeta ya sea rural o urbano se está globalizando a través de los medios electrónicos, en especial por la televisión, la cual muestra una sintetizada visión del mundo e imágenes de numerosas culturas que llegan cada vez con más frecuencia y velocidad a cada poblado, barrio o aldea para ser adaptadas, mezcladas, apropiadas o rechazadas por la cultura que las recibe.
Se estima que el mercado para animaciones dobladas al árabe es enorme si se considera que cerca de 60% de la población del mundo árabe tiene menos de 20 años y dentro de éstos el 40% menos de 15 años. “La traducción al árabe tendrá un auge inmenso en los próximos años”, comentó El-Hakim, jefa de contenido árabe de MBC. “Somos tan impresionables y aspiramos tanto a ser como Occidente, que tomamos cualquier cosa que creemos es un símbolo o una manifestación de la cultura occidental. Primero fueron las series animadas japonesas como Pokemon y Digimon, pero ahora las estadounidenses han tomado el control”, afirmó Hakim ( infobae.com, 2005).
 Al Shamshoon (Los Simpson) se transmiten a diario al principio del horario triple A y han comenzado con la primera temporada del programa. Si tiene éxito, MBC prevé traducir al árabe las otras 16 temporadas. No hay que olvidar que el triunfo de Los Simpsons en Arabia, no sólo depende de cuanta gente los vea o de qué tantos productos de la familia disfuncional estadounidense se compren, sino de la capacidad que tenga la audiencia de apreciar la intertextualidad (la alusión explícita de un texto o programa dentro de otro) de una serie animada que para muchos musulmanes es ajena.

Abriéndole la puerta a la televisión

Si bien es cierto que el mundo se ha convertido, a partir de la industrialización y el desarrollo de la tecnología, en una red de relaciones sociales en donde no solo hay un flujo de mercancías sino también de personas y de significados, es evidente que dichos significados que llegan a diversas regiones a través de la televisión confluyan, se mezclen, se rechacen o se reproduzcan en distintas culturas.
Ahora bien, partiendo del supuesto de que el consumo de televisión tiene un bajo costo económico y que para la mayoría de los televidentes está a su amplia y cómoda disposición dentro de su hogar, el de sus familiares o amigos que visitan, el ver televisión resulta atractivo pues sólo requiere un grado mínimo de esfuerzo y cada vez hay más canales y programas disponibles durante las veinticuatro horas del día. Un aspecto interesante es el acortamiento de distancias pues si antes la información se transmitía desde centros nacionales, ahora la tecnología, los satélites, el Internet hace posible la recepción de programas en todo el mundo y que las imágenes y los mensajes fluyan de manera más rápida hacia todos los rincones del planeta sin olvidar que la programación disponible para los televidentes proviene de distintas fuentes y de innumerables puntos de partida que cubren diversos temas, intereses, orientaciones o preferencias.

Tal vez una de las características más importantes de la televisión es su rostro amigable, su apariencia amena, su influencia cultural y su presencia inofensiva. El hecho de que la televisión aparentemente esté bajo nuestro control y presente puntos de vista poco críticos (por lo menos no tan explícitos), genera que no se le vea como un aparato amenazador, sino al contrario, debido al entretenimiento que ofrece, la diversión y el placer que se obtiene al mirarla hace que casi todas las familias en todo el mundo le abran la puerta de su casa.
Mucho se ha comentado si las imágenes y los mensajes que la televisión transmite causan algún efecto nocivo a la región que llega o si impactan la cultura de la audiencia que las consume modificando así sus actitudes o sus creencias. No es necesario que los mensajes sean resultado de campañas con fines determinados (Salzman, 1997, p. 328), o que se lancen comerciales persuasivos o violentos con el fin de cambiar cierta actitud del televidente, tan sólo pensemos, por ejemplo en las telenovelas que reflejan problemas cotidianos,   pero que pueden convertirse en modelos para el cambio de distintos entornos culturales. De ahí que las series televisivas que expresan discursos o dinámicas de una sociedad determinada (la estadounidense por ejemplo), se conviertan en desafíos cuando se transmiten en otros contextos culturales completamente opuestos, como la cultura árabe.

La televisión es de Occidente

En el contexto de la globalización los significados culturales de diferentes lugares geográficos, se pueden mezclar entre sí y yuxtaponerse de tal forma que los valores y sentidos que involucra la gente se extiendan más allá del espacio físico. Así la televisión “es un proyecto surgido en Occidente que sigue dominado por los poderes económicos de Estados Unidos” (Barker, 1999) y que también domina los flujos de las programaciones que se exportan hacia otras partes del mundo.
Sin embargo no es mi intención hablar de un imperialismo cultural ni poner en discusión el repetido debate sobre la homogeneización de la cultura, sino dejar en claro que más allá de un obvio imperialismo mediático, los significados y las lecturas que las audiencias hacen de la televisión son impredecibles, contradictorios y heterogéneos pues no sólo los mensajes audiovisuales extranjeros son polisémicos y hegemónicos sino que las producciones propias también lo son y los televidentes de pronto se acostumbran a leer entre líneas tanto el discurso local-propio como el global-ajeno.
Las tensiones entre lo global y lo local saltan a la vista en estos casos donde se le tienen que hacer varias adaptaciones a un producto cultural extranjero para que tenga éxito en otra cultura. Por un lado se tiene una enorme popularidad de telenovelas, noticieros, programas de concursos, deportivos o musicales, construidos con la fórmula hollywoodense, dirigidos a cierto público, tal es el caso de Dallas, The price is rigth, Sesame Street, Big Brother o Los Simpsons.
Pero por otro lado estas mismas series han fracasado al ser transmitidas en otra región, por ejemplo
Dallas en Japón. Si bien es cierto que estamos experimentando la emergencia de un estilo internacional que vende ciertos valores, estereotipos y modos narrativos acelerados, también es cierto que en muchos casos se conservan las maneras de hablar regionales, los escenarios locales y los ritmos narrativos lentos, es decir, se tiene que dar (como si fuera una tendencia obligada por factores e intereses económicos de las industrias culturales) una glocalización para que el producto global pueda ser consumido y aceptado en la cultura local en la que se inserta.

Ver Los Simpson en Arabia…

Entendiendo a la globalización como ese proceso rápido y complejo de interconexiones entre sociedades, culturas, instituciones e individuos en el mundo (Tomlinson, 1997) que nos hace ver el planeta más pequeño, las distancias más cortas y el sentido de que los seres humanos estamos cada vez más cerca y, dentro de una revolución tecnológica centrada en los medios de información, podemos decir que la base material de la sociedad se ha ido modificando de manera acelerada.   De ahí que se vea a la globalización  como una modernidad que no impone sino que acepta pluralmente tradiciones diversas (Canclini, 2003), pero más allá de la aceptación, no hay que olvidar que los nuevos recursos tecnológicos no son neutrales ni omnipotentes y la ya mencionada innovación implica también cambios culturales.
Podría decirse que existen antecedentes históricos, desde que empezaron los primeros intercambios entre sociedades de distintas culturas, en las cuales se insertaban elementos ajenos de una y otra para establecer relaciones económicas, culturales, sociales y por supuesto de poder para dominar/controlar en algunos aspectos (o en todos) a cierta sociedad y al mismo tiempo impactar en su identidad.
Pero entonces debemos reflexionar cómo es que un producto cultural ajeno a la sociedad árabe, como es el caso de Los Simpson, puede introducirse a cada hogar durante los días sagrados del Ramadán, cómo le hace la empresa Fox para vender un producto que parodia-critica a la sociedad estadounidense, que se burla de ella y resalta los defectos tanto de los individuos como de la colectividad norteamericana, qué es lo que se tiene que generar para que esta fórmula exitosa de entretenimiento occidental sea también aceptada, transmitida, apropiada, rentable, consumida y divertida en una cadena de televisión oriental que produce y reproduce segmentos de la realidad árabe al mismo tiempo que expone mensajes, imágenes y estereotipos de Estados Unidos quienes, paradójicamente, se han encargado de elaborar un discurso deliberado de la cultura oriental como el opuesto binario de los valores y los usos fundamentales de la sociedad estadounidense.
Es a partir de esto que se debe empezar a plantear el dilema entre lo que es local y lo que corresponde a lo externo o a el contexto mundial. Es como si se hiciera una distinción entre “lo propio y lo ajeno” de cada cultura, sin olvidar que la cultura no es fija sino dinámica, “esencialmente móvil más que estática” (Tomlinson, 2001). Así poco a poco se teje la red de los sistemas internacionales y las distribuciones del poder entre las naciones. Lo que sí es realmente importante es ver cómo los elementos globales luchan, vencen, se enajenan, se imponen para insertarse, hibridarse, salirse o asimilarse en el contexto local. Es ahí cuando se habla de una
glocalización o tropicalización del producto.
Se observa que a partir de estas transformaciones tecnológicas, culturales, sociales, religiosas y económicas, lo medios de comunicación han atestiguado igualmente dichos cambios.   La televisión ha seguido desdibujando los contornos de la vida pública y privada, los televidentes se convierten en espectadores de dramas de la vida real y los jóvenes son un foco de atención para los anunciantes (Robertson, 2003). Esto no quiere decir que dejemos de ver televisión porque es mala y sus mensajes sean consecuencia de un plan malévolo del Estado o que sus comedias, su frivolidad y sus bromas aunado a su efecto tranquilizante, “hipnotizador” causen un efecto adormecedor en los espectadores como si estuviéramos dirigidos por la vigilante pantalla del Gran Hermano que describe George Orwell en su novela 1984. No, no se trata de eso.   Ya bien sabemos las polaridades, los desencuentros y las yuxtaposiciones culturales que causa la televisión globalizada: ganadores vs. perdedores, urbano vs. rural, la distribución de las personas en dominantes vs. marginados, metropolitanos y periféricos (Mattelart y Neveu, 2004).
De lo que se trata es de las percepciones en la experiencia humana, pues la globalización refleja también las consecuencias materiales de nuestros deseos de seguridad y bienestar. Lo que importa aquí es saber hasta qué punto la globalización permite una mejor comprensión de las fuerzas que nos rodean pues, nuestras interacciones globales siguen siendo beneficiosas para unos y perjudiciales para otros.
Lo interesante es estar al tanto de en qué medida un producto cultural ajeno puede afectar la identidad, las costumbres, la percepción o las actitudes en la audiencia que lo consume, conocer si impacta en lo propio, pues finalmente a pesar de todas las modificaciones que sufra el producto para poder ser trasladado, traducido y vendido en un mercado prometedor, no deja de tener su sello original estadounidense y la garantía de que fue creado para entretener o distraer pues su esencia es divertir a las masas.

Finalmente, queda claro lo complejo que es analizar una serie televisiva animada, primero por la combinación de los géneros narrativos-audiovisuales que ésta contiene y segundo porque la televisión en la era globalizada, permite a todos conocer aspectos de las vidas e identidades culturales de los demás sin salir de casa, pero al mismo tiempo se vuelve más complicado cuando se ha vivido en Tijuana y se pueden ver Los Simpsons en inglés en el canal Fox luego, gracias a la fácil movilidad que da la globalización, los veo doblados al español por televisión nacional en Monterrey y analizo sus modificaciones para poder transmitirse en Arabia.
Los Simpson siguen siendo los originales aunque se transmitan en diferentes idiomas en distintos países, aunque Homero ya no tome cerveza ni coma donas y hot-dogs, a pesar de que ahora se llame Omar, pues la relación entre el producto mediático y la cultura es una sutil combinación de mediaciones, es decir, la multiplicidad de significados que la audiencia haga de un producto cultural está mediada por la experiencia vivida en lo cotidiano, en lo local.

Bibliografía

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Barker, Ch. (2003). Televisión, Globalización e identidades culturales. Barcelona: Paidós Comunicación.
Castells, M. (1999). La era de la información. Economía, Sociedad y Cultura. México: Siglo XXI.

García Canclini, N. (2003). Culturas Híbridas. México: Grijalbo.

Martín, J. (1987). De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Barcelona: Editorial Gustavo Gili.

Mattelart, A. y Neveu, E. (2004). Introducción a los estudios culturales. Barcelona: Paidós Comunicación.

Robertson, R. (2003).
Tres olas de globalización: historia de una conciencia global,

Madrid. : Alianza Editorial.
Salzman, P. (1997). El caballo de Troya electrónico: la televisión en la globalización de las culturas paramodernas . En L. Arizpe (Ed.), Dimensiones culturales del cambio global (pp. 319-353). Cuernavaca: Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, UNAM.

Tomlinson, J. (1997). Cultural Globalization and Cultural Imperialism . En A. Mohammadi (Ed.), Internacional Communication and Globalization (pp. 170-190). London: SAGE Publications.

Tomlinson, J. (2001). Globalización y cultura. México: Oxford.

Páginas en internet

http://webtv.lbcgroup.tv/

http://www.infobae.com/notas/

http://www.waleg.com/archives/

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