Tal vez el Diván de Mouraria sea, junto con Nostalgia de la Muerte de Xavier Villaurrutia, el libro que mejor ha explotado el arsenal retórico en nuestra tradición literaria Los poemas del Diván… alcanzan la poesía gracias no sólo a la emoción contenida en cada verso, sino al eficaz uso de los tropos, aliteraciones y demás figuras que funcionan en los distintos niveles del lenguaje. Hecha para la memoria, la anáfora de la “Casida del odio” es un gran ejemplo de cómo la reiteración de una frase conduce, en las manos correctas, a la literariedad: “Todos tenemos una partícula de odio”.
POEMAS
Pájaros Sueltos (1991)
LA INNOMBRABLE
Era la noche
y un pedazo de luna íntima.
Nunca nos conocimos
y hacíamos el amor
como desde lejos.
Besabas mi cara
desde la otra acera.
Eras tu y lo tuyo
nunca yo
y fue lo mejor.
Era mucho el dolor
para vivirlo a solas.
LA INNOMBRABLE OTRA VEZ
Podría decirte
que nunca has coronado un verso
que te me fuiste dando
como se da la luna:
cuarto creciente de muslo
cuarto menguante de seno
pero sería la otra, la diversa,
la incierta.
Acaso te dí un poema
una sonrisa.
Nunca supe tus nombres.
Contradanza de Pie y de Barro (1996)
*
El talón sobrevuela
venero superficie
raíz de tierra y agua
principio, humus, éter
El talón ya no muerde
se unta, se restriega
con aligero ardor
Avanza, retrocede
sube, baja, se inclina
corre, salta, suspende
el alto vuelo largo
sumerge, lucha, bravo
y en el lodo se pierde.
*
¡Qué deleitosa fiesta!
¡Qué prodigio estruendoso!
Los dedos sumergidos
en la sangre del barro
mientras uñas cortezas
humedecen el polvo
y el talón mariposa
sobrevuela su espanto
¡Qué deleitosa fiesta!
¡Qué prodigio, qué estruendo!
Es la danza chasqueante
rozando la textura
de los pies sudorosos.
Brooklin Bridge
Desde la otra orilla de lo que digo
se tiende un puente para llegar a mi palabra
Cada vez que pronuncio mi nombre
mi nombre vuelve a mí desfigurado
Cada que digo agua, el agua vuelve viento
el viento fuego, el fuego mi nombre exacto
pero mucho más pleno, y más desconocido.
Tiro palabras, nombres, versos a la otra orilla
cada vez
y cada vez anuncia nuevas intensidades
de lo que no conozco.
Habría de arrojar sobre este puente
aquello que no digo, mi silencio
para que alguna vez vuelva poema.
Bowen Bridge
Nos citamos a la sombra del lago
Los patos y yo rondábamos las márgenes
De los bancos corría un aire de otro tiempo
Los tenis saltaron el tronco caído
Los patos me dijeron espera
Di otra vuelta hasta el puente
Los hombres se besaban contra el barandal
El japonés me dijo en svenska que le tomara una foto
El pato azul me guiñó un ojo
Sería bueno comprar una bicicleta –pensé-
Saqué el pretzel de la bolsa y también la coca-cola
Guardé para ti la galleta de macadamia y el café
Con una bicicleta daría algunas vueltas mientras llegas
En el bolsillo encendido latía mi último token
Si llegaras ahora un poco de pretzel
A falta de delicados -me dijo el pato azul- camel sin filtro
LA CASIDA DEL ODIO
I
Todos tenemos una partícula de odio
un leve filamento dorando azul el día
en un oscuro lecho de magnolias.
II
Todos
tenemos una partícula de odio macerando sus jugos
enmarcando su alegre floración
su fruta lánguida
¿Pero qué mares
ay, qué mares, qué abismos tempestuosos golpean
contra el pecho y en lugar de sonrisas abren garras colmillos?
Levanta el mar su enagua florecida, debajo de su piel va creciendo otra ola dispersada en su vacua intrepidez elástica. Levanta el mar su odio y el estruendo se agita contra los muros célibes del agua y atrás y más atrás viene otra ola, otro fermento, otra forma secreta que el mar le da a su odio, se expande sábana de espuma, se alza torre tachonada de urgencias; es monumento en agua de la furia sin freno.
III
Todos tenemos
una partícula de odio
y cuando el hierro arde en los flancos marcados
y se siente el olor de la carne quemada
hay un grito tan hondo, una máscara en fuego
que incendia las palabras.
IV
Todos tenemos una
partícula de odio.
Y nuestros corazones
que fueron hechos para albergar amor
retuercen hoy sus músculos, bombean
los jugos desesperados de la ira.
Y nuestros corazones
otro tiempo tan plenos
contraen cada fibra
y explotan.
V
Todos tenemos una partícula
de odio
un alto fuego quemándonos por dentro
una pica letal que horada nuestros órganos.
Sí, porque donde antes hubo
sangre caliente, floraciones de huesos explosivos,
médula sin carcoma,
empecinadamente, tercamente,
nos va creciendo el odio con su lengua escaldada
por el vinagre atroz del sinsentido.
VI
Todos tenemos una partícula de
odio
y cuando el índice se agita señalando con fuego
cuando imprime en el aire su marca de lo infame
cuando se erecta pleno falange por falange
¡Ah! Qué lluvia de ácidos reproches
qué arduos continentes se contraen.
El gesto, el ademán, la mueca
el dedo acusativo
y la uña
¡ay! La uña
corva rodela hincándose en el pecho.
VII
Todos tenemos algo que reprocharle al mundo
su inexacta porción de placer y de melancolía
su pausada, enojosa, virtud de quedar más allá
en otra parte
donde nuestras manos se cierran con un estruendo aferradas al aire de la desilusión; su también, por qué no, circunstancia de borde, de extrema lasitud, de abismo ciego; su inoportunidad, sus prisas,
VIII
Todos tenemos algo que decir de los demás
y nos callamos.
Pero siempre detrás de la sonrisa
de los dientes felices, perfectos y blanquísimos
en sueños destrozamos rostros, cuerpos, ciudades.
Nadie podrá jamás contener nuestra furia.
Somos los asesinos sonrientes, los incendiarios,
los verdugos amables.
(Coda)
En alguna parte de nuestro cuerpo
hay una alarma súbita
un temeroso alerta enviando sus pulsiones
algo que dice:
ahora
y sentimos la sangre contaminada y honda a punto de saltarse por los ojos, las mandíbulas truenan y mascan bocanadas de aire envenenado y la espina dorsal, choque eléctrico, piano destrozado y molido por un hacha y los vellos, las barbas y el escroto, se erizan puercoespín y las manos se hinchan de amoratadas venas, el cuerpo se sacude, convulsiones violentas y todo dura sólo, apenas, un segundo, y una última ola de sangre oxigenada nos regresa la calma.