La persona que era antes del 2006 ya no existe. Tuve muchos efectos físicos, tuve insomnio, desórdenes del sueño; depresión; mis relaciones personales se vieron seriamente afectadas, yo era incapaz incluso de recibir un abrazo, sin sentir que me estaban transgrediendo…
Bárbara Italia Méndez, 2013. Fragmento de su testimonio ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en contra el Estado Mexicano por la violación de los derechos de las mujeres detenidas en Atenco el 4 de mayo de 2006.
(1)
Desperté en una habitación subterránea donde estaban siete camas destendidas. La luz que entraba por la ventana apenas era suficiente para reconocer los objetos. Sólo conservaba fragmentos de la noche, los repasaba una y otra vez sin encontrar indicios que justificaran el temor que sentía. Días atrás me habían contado con mucha precaución sobre la existencia de ese lugar hasta entonces ajeno. En ese relato cada uno de los lechos correspondía a la historia de una mujer desaparecida de manera silenciosa.
Había amanecido. Veía las sábanas, parecían recién desocupadas por los cuerpos de las otras. Me preguntaba qué habría sido de ellas, por qué me encontraba en ese sitio y si en aquel momento soñaba un guión. De pronto, comenzaron a salir cientos de ratones de todas partes. Los vi dirigirse hacia el colchón sobre el que estaba recostada, lo levantaron con la fuerza de todos sus cuerpecitos y me trasladaron a gran velocidad por el cuarto para detenerse al pie de una escalera. Entonces apareció en la pared una puerta de arena y me deslizaron a través de ella con mucha prisa empezando por los pies. No comprendía su urgencia, sin embargo era latente la proximidad de algo o alguien que estaba por mostrarse y que era necesario huir.
Mi cuerpo abandonó de esa manera aquel espacio, engullido por una especie de tumba, comido por la tierra. Parecía imposible abrir los ojos o gritar, pensé que nadie iba a escucharme. Al otro lado de la puerta iniciaba un mundo-tiempo del que sabía casi nada. Allá encontré a las otras. Estaban descalzas. Se tejían delicadamente la piel unas a otras y colocaban pedacitos de corteza donde les faltaba carne. Las recién llegadas pasaban muchas horas dormidas y eran alimentadas con amor y paciencia. Me di cuenta de que algunas habían creado un alfabeto para empezar a nombrar todas las cosas que permanecían ocultas. Estuve entre ellas durante un periodo indefinido. Y un día pude pronunciar mi nombre, recordar mi origen. Tejí un puente para anudar los tiempos-espacios vividos y recuperar la fuerza para volver.
Sólo quiero agregar que antes del desprendimiento total de aquel sótano, una parte de mi espíritu permaneció en esa habitación durante algunos días. Alcancé a ver el reacomodo de la arena hasta volverse puerta y de nuevo muro sin dejar un solo rastro de mi presencia. También fueron absorbidas las camas, las sábanas y toda huella de ese otro mundo recién atravesado. Al principio era imposible comunicarme de tanto asombro. Durante años dudé si había ocurrido.
(2)
un numen atraviesa el sueño
ojosabiertos navego en frecuencias bajas
………………. …….el silencio está habitado
(3)
el cuerpo a veces fractura
herida de boca a boca
el cuerpo ocarina
silbato del tiempo
alebrije
venado del cielo pájaro marino viuda negra
río
verde rojo transparente
(4)
tomar por la punta eso que fue madeja
………………………. terminado en aire
tejerse-destejerse-tejerse-destejerse-tejerse
el cuerpo
el corazón
la lengua
las palabras
(4)
en la búsqueda infinita del fin del mundo me construyo unas alas caracol de tiempo
infinita
no es verdad que nací triste que nací esclava que nací condescendiente
nací infinita
hasta el día de mi muerte
alada
la noche de vez en cuando me arrastra hasta el fin del mundo
Acteal el fin del mundo Tijuana el fin del mundo Juárez
el fin del mundo Tamaulipas Tenosique Tapachula Guatemala
el fin del mundo es el olvido
el silencio
no pronunciar mi nombre ni el tuyo
el fin del mundo crece de la sangre seca del llanto seco
de los corazones que anidan en el vientre de la tierra
como flores emerge un sueño
la búsqueda infinita del fin del mundo es un laberinto que siempre concluye en el origen
esa palabra que precisó de la incorporación un límite donde cupiera el infinito
yo insoportablemente infinita busco en el laberinto del mundo mi origen
para ponerle fin a la asignación de mi límite muero todo el tiempo
todo el tiempo resucito
puedes meter tu mano en mi costado tus dedos
en las heridas que dejaron los clavos enterrados en los ojos de mis manos ten fe
este vacío infinito abrió mis ojos para que pudiera ver
lo cerca y lo junto en el espejo del fin del mundo
(5)
Las historias de terror más escalofriantes las escuché en casa. Preferiría que hubiesen sido relatos sobre brujas y espíritus. En cambio, todas tuvieron alguna relación con la política, la religión o lo masculino. Después aprendí a leer el periódico, a prestar atención a las noticias y a escuchar los secretos de alguna gente. Este fue el origen de la in-corpo-ración del miedo, luego aprendí a gritar, a correr, a dar de palos.
Un día empecé a verme: tenía otros labios húmedos en la entrepierna y eran míos. Abrían un pasaje hacia el multiverso. Ese fue el principio de la esperanza.
(6)
—Si guardo silencio muero. —Morimos. —¿Estamos juntas? (—¿Con quién habla? —¿Con quiénes?) —Algunas mujeres aprenden a escribir (a correr desnudas, a hablar con el fuego, a sanar, a escuchar el lenguaje de las olas, a observar el vuelo de ciertas aves, a cazar las sombras que corren por el desierto…). —Otras desaparecen. —Visible, invisible, visible, invisible. Madre-Padre Trece Cielo, quiero caminar serena sobre mis propias aguas.



