Estoy escuchando a Shakespeare decirme que:
“La vida es un cuento contado por un idiota
lleno de ruido y furia”.
Y miro a contraluz
que la existencia puede ser
una práctica deprimente,
entonces me repito que hoy es domingo
y el hígado me punza
como un dolor fantasma
de los días en los que
por necedad retamos al sol
para que saliera a apagar
la devastación que nos causaba
“la apetencia de las lobas”.
Anhelo que la hiedra del recuerdo
abandone su ansia de avanzar,
que me deje tranquilo
actuar mi papel de buen hombre,
pero el deseo no es Dios
y afuera de esta casa
el vestigio del invierno
está aniquilando al césped
que se resiste a la muerte.



