Herida se desliza la palabra
ansiosa de apropiarse
lo que no por visto nos pertenece:
esa luz que nos colma y nos inunda.
Yo me sabía vivo desde siempre,
listo para escalar toda cuesta
y seguir alimentando
-a precio de mi sangre-
este salvaje oficio de miseria;
pero ya lo sé, para esto he nacido:
ofertorio de luz
colmando los rincones desolados
que apenas descubiertos se me entregan
solos para seguir gozando solos;
y desde los dispendios luminosos
del fértil desamparo,
me canta en el oído
una sed que no acaba.
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