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La Gaya Ciencia de Nietzsche o la celebración del presente

Resumen

En La gaya scienza se da cuenta de la voluntad nietzscheana
de rescatar el sentimiento histórico y la celebración del presente
que imperaba en tiempos de caballeros y cantores provenzales, imbuidos –según
lo interpreta Nietzsche– de alegre espiritualidad. Ese subtítulo
da cuenta también de un estado de ánimo y de una disposición
conceptual que aspiran a un saber lozano, propio de quienes ni se cuestionan
la muerte. Se abren así posibilidades de disfrute, de construcción
de metáforas no ingenuas, de descubrimiento de secretos subyacentes,
de tránsitos por sueños inmanentes.

Es en este sentido que la presente reflexión se aboca
a la revisión de algunos de los aforismos de Nietzsche que remiten
a la alegría como un modo superior de la existencia. Así como
algunas de las interpretaciones que han llevado a cabo algunos filósofos.

En consecuencia, el objetivo es comentar más allá
de lo convencional, los parámetros conceptuales de lo alegre. Para
este fin se elige una estrategia de ordenamiento metodológico, basada
en la documentación del concepto de alegría, a lo largo de los
aforismos nietzscheanos, mismos que pueden concentrarse en La Gaya Ciencia,
Así hablo Zaratustra, Opiniones Sentencias Diversas y Ecce Homo, textos
que se vuelven el corpus de entrada a la búsqueda de sentido sobre
la alegría y su posibilidad de interpretación en el momento
contemporáneo.

La discusión finalmente nos lleva a la búsqueda
de contrastes entre el concepto y sus diversas interpretaciones.

Palabras Clave: alegría, humor, celebración,
danza, nihilismo, ironía, conocimiento.

1.

Los pensamientos de Nietzsche exaltan la existencia, celebran
la alegría y promueven las resistencias necesarias al ritmo de “Una
canción de baile”, como la que Nietzsche le dedica al Mistral
en La gaya scienza

[…] bailando corro a tu encuentro,

bailando mientras tu silvas y cantas:

tu, que sin barco y sin remo

como el más libre hermano de la libertad

saltas sobre mares embravecidos.

[…] bailemos de mil maneras,

libre -sea llamado nuestro arte,

jovial -¡nuestra ciencia!

[…]Rujamos…oh, espíritu de todos

los espíritus libres, contigo a dúo

ruge como la tormenta mi felicidad

-Y para que sea eterna la memoria

de esa felicidad, toma su legado,

¡eleva hasta aquí contigo la corona!

Lánzala más alto de la escalera del cielo,

y cuélgala – ¡de las estrellas!

El presente texto trata de reflexionar sobre la alegría,
considerada como concepto ordenador, como sentido personal, como posibilidad
de ser en el mundo y como posibilidad de trascendencia.

Si bien esta reflexión es genérica, no trata
de una alegría, que se queda solamente en mero lenguaje, sino que,
lo transgrede, y se apodera de él, dentro de su modo de ser en el mundo.

Es importante comprender algunos de los aforismos como punta
de entrada a una problemática compleja sobre un tema que se presta
a la exacerbación o a la desesperanza. Para esto es necesario, propiciar
un encuentro cercano con algunos de los aforismos y sobre todo con sus significados
profundos no con la finalidad de retar a la memoria, sino con la voluntad
de apoderárselos hasta el fondo de nuestro ser, y tratar de entenderlos
como una praxis más allá de la metafísica y toda concepción
moral.

Es así, que expondré algunos pensamientos de
Nietzsche que en esta consideración, que resulta personal finalmente,
son importantes de tomarlos en cuenta para interiorizar el vivir en la afirmación
de la alegría, esto es, sin las ataduras del nihilismo.

Para propósitos metodológicos, se hizo la exposición
de algunas de las definiciones del concepto de alegría, así
como una documentación de los aforismos de Nietzsche, en donde hace
mención y uso del concepto alegría. En la revisión de
la obra nietzscheana nos encontramos con tres libros que resultan fundamentales
para la elaboración de la presente reflexión: Opiniones y sentencias
diversas, La gaya Ciencia y Así hablaba Zaratustra. En la gestación
de dichas obras, el pensamiento de Nietzsche se encuentra en una época
de gran resplandor y entusiasmo. Es con el estudio de estos títulos
donde encontramos a un Nietzsche alegre, en contraposición con el resto
de sus obras donde presenta otra sintomatología.

En Descartes se concibe la alegría y el gozo como
“una emoción placentera del alma que consiste en el gozo del bien
que las impresiones del cerebro se le representan como suyo”. Otra aproximación
interesante es la de Spinoza: “el gozo es una alegría acompañada
por la idea de una cosa pretérita que sucedió sin que se le
esperase”.

Una vez expuestas las anteriores definiciones examinaré
algunos aforismos donde Nietzsche reflexiona acerca del estado de alegría:

“Estar muy alegre. El que está muy alegre debe
ser un buen hombre: pero quizá no sea inteligente, aunque alcanza aquello
a que aspira el más inteligente con toda la fuerza de su inteligencia”
[2]. En este aforismo Nietzsche nos hace una invitación al cultivo
de la alegría por encima de cualquier pretensión de inteligencia,
pues

si bien es cierto, que esta última es un ideal de
alto valor en nuestras sociedades modernas, de nada sirve si no ha de cumplir
con un estado espiritual trascendental, esto es, con las implicaciones que
conlleva el animo del jubilo. De este modo, partimos al siguiente aforismo:

“Alegría compartida. La serpiente que nos muerde
cree hacernos daño, y se alegra de ello; hasta el más bajo animal
puede imaginar el dolor de otro. Pero imaginar la alegría de otro y
alegrarse de ella, es el mayor privilegio de los animales superiores, y de
entre éstos sólo son accesibles a ella los ejemplares más
elegidos, es decir, un humanum raro; de suerte que ha habido filósofos
que han negado la alegría compartida [3]”. En dicha frase el filósofo
de Rocken procura dejar en claro que tener un carácter capaz de compartir
la alegría con el otro denota un alto valor espiritual, pues es más
fácil dejarse arrastrar por el dolor ajeno, ya que resulta más
aceptado socialmente, puesto que estamos claramente influidos por la ideología
cristiana donde se promueve el sufrimiento y la compasión hacia el
prójimo. Nietzsche no esta de acuerdo con dicho modo de ser decadente
y por eso resalta la importancia del compartir alegre. Así, llegamos
a la siguiente reflexión: “[…] Toda queja es una acusación
y toda alegría una alabanza; y tanto en uno como en otro caso, siempre
hacemos a alguien responsable [4]”. En esta meditación Nietzsche
se complace en hacer alusión a la alegría como una alabanza
en donde se presupone una intersubjetividad, es decir, la coparticipación
del otro como causa o consecuencia de nuestras alegrías. Por otro lado,
tenemos a la queja, como un ideal cristiano donde no se presupone una conformidad
con la existencia dada, sino que hay un sentimiento de resentimiento, de allí
que Nietzsche haga énfasis en el estado superior de la alegría.

“Ahora que se han vuelto a poner alegres me resultan
más agradables, pues parecen como flores que se hubieran acabado de
abrir, y yo creo que flores como ustedes necesitan nuevas fiestas, tal vez
uno que otro disparate…[5]”. Nietzsche hace reverencia a la alegría
como un modo de ser más agradable, y hace una analogía con las
flores de la primavera que vuelven a renacer siempre ante la frescura de la
naturaleza con el ánimo victorioso de la fiesta, esto es, con la embriaguez
del espíritu que celebra su pertenencia a un universo afirmativo de
lo vivo.

“Ahora quiere morir, morir de alegría[6]”.
Morir de alegría es aceptar la muerte con una celebración, como
un final sin conclusión, que nos remonta en el eterno devenir, en la
voluntad que retorna alegre, por eso la alusión a la mortandad como
una seducción de lo alegre, donde se desea hasta la misma muerte por
el simple hecho de revertir el estado victorioso de lo alegre por toda la
plenitud del cuerpo.

En la siguiente reflexión del Ecce Homo Nietzsche
nos hace una exposición de su estado anímico, que como el mismo
afirma nada tiene en común con lo tenso, sino por el contrario, con
la frescura y alegría desbordantes de la naturaleza en la que se encuentra
inmerso. Así se reflexiona nuevamente: “Mi corazón, donde
se consume el verano, este verano breve, calido, melancólico y feliz.
¡Cuánto desea mi corazón estival tu frescura, fuente de
alegría [7]. En esta meditación Nietzsche nos vuelve a exhortar
a su intima vivencia, esto es, su conectividad con la frescura de lo alegre.
Hacer la analogía de la frescura con la alegría nos da la sensación
de un estado de perpetua armonía en donde las fuerzas cósmicas
son aliados de esta fuente del estado alegre.

Ahora, para efectuar un contraste entre el concepto de la
alegría y sus diversas interpretaciones partimos de la siguiente meditación
de Guillez Deleuze: “[…] La danza transmuta lo pesado en ligero,
la risa los sufrimientos en alegría, el juego de lanzar (los dados)
lo bajo en alto [8]”. Deleuze ve en la danza el acto que contiene la
posibilidad de efectuar la mutación de lo pesado en lo ligero, a partir
del paso de unos pies que van sintiendo como va palpitando la sangre en la
tierra, con la convergencia en lo secretos afirmativos tornándondose
ligeros. La danza es una característica de lo ligero en cuanto logra
ponerse en sintonía con las fuerzas activas, es decir, lograr la deconstrucción
de los canales vibratorios del cuerpo pesado. Esto es, un cuerpo que permuta
insaciablemente los pesos de una moral que sólo reprime y contractura
la corporalidad por considerarla inexistente e indigna de posar lo sagrado.
El bailarín y la bailarina convergen en un deseo transgresor; un apocalipsis
de la condición alienante de nuestro comportamiento corporal. Es un
ritmo que recupera la sintonía oculta que subyace a todo tejido vital,
lo que equivale a decir: la fuerza que mantiene andante el devenir infinito
de la existencia. La danza se vale de una violencia pagana que rompe con el
estribillo infundamentado de las sustancias mecanizantes que caracterizan
a los estilos de vida nihilistas.

De este modo, Deleuze anota lo siguiente:”No más
trabajo de la oposición ni dolor de lo negativo, sino juego guerrero
de la diferencia, afirmación y alegría de la destrucción”
[9].

El filósofo francés se queda con el Nietzsche
afirmativo. No se conforma con el dolor tal y como se le concibe cristianamente.
Deleuze cree en el juego y en la guerra. ¿No era el mismo Nietzsche
el que nos insinuaba a continuar en una guerra constante contra nosotros mismos,
cuando no hay más cosa con la cual luchar? Siempre lucha contra ti
mismo, ¿acaso hay otra guerra que valga la pena? Alegrarse de cualquier
destino, aceptar cualquier suceso ocurrido siempre con la alegría de
aquel que ha aceptado el devenir y no quiere más controlarlo. Lo anterior
presupone un ethos que abandona cierto poder y control para con la existencia:
Estar alegres hasta con la destrucción misma.

“Que la diferencia es feliz; que lo múltiple,
el devenir, el azar, son suficientes y objetos de alegría en sí
mismos, que sólo la alegría retorna: ésta es la enseñanza
práctica de Nietzsche” [10].Una vez comprendido lo que el poder
de la alegría significa, se desea regresar a dicha experiencia una
y otra vez. Es por eso, que Deleuze piensa que sólo la alegría
retorna. Puesto que no nos interesa, repetir el sufrimiento. El olvido es
siempre olvido del sufrimiento. La alegría es la cura del espíritu,
por lo tanto hay una salud que resulta inquebrantable y adictiva para el modo
de ser en el mundo. En consecuencia, la diferencia es el devenir, aquello
que no causa nausea alguna para nuestra existencia pues le abrimos paso a
todo. Siempre hay un triunfo de por medio, puesto que cualquier experiencia
a la que nos arroje el destino, resulta ya un acto de alta naturaleza espiritual.

Retomando el contraste del concepto alegría tenemos
la siguiente reflexión de Safransky: “Pero en La gaya ciencia
Nietzsche no quiere conceder ningún poder sobre él a la depresión;
al contrario, lucha por mantener un corazón rebosante, en el que hay
mucho de intención y voluntad, un sentimiento que no lo eleva sin más,
sino que él ha de conquistar dándose ánimos a sí
mismo.”[11]

En la época en que se gestó la Gaya Ciencia,
Nietzsche se esforzó por darle una guerra perpetua a cualquier estado
decadente: El nihilismo. Como consecuencia de ello se empeñará
en crear una fortaleza con una astucia inigualable, en donde instante a instante;
mantendrá una lucha contra cualquier debilidad que se le presente en
el camino. Por eso, Safransky no duda en hacer la bella metáfora del
corazón rebosante de la gaya ciencia, como una sintomatología
de una batalla que se ha ganado desde el momento en que se ha decidido la
gestación de dicha obra.

Luego Safransky vuelve a meditar: “Es solamente una
manera rebosante de alegrarse por el hecho de haber tenido un cielo puro por
encima de sí durante todo un mes.”[12] La alusión a los
cielos puros, nos remite a una experiencia estética en donde se dan
las condiciones energéticas necesarias para la gestación de
un libro que ha dejado atrás lo decadente que el pensamiento tradicional
ha representado para la humanidad entera. Nietzsche lo sabe, por eso, antes
de aventurarse a la gran tarea de la gaya ciencia, disfruta en cada momento
los bellos crepúsculos que la naturaleza le ha otorgado. Un mes entero
de constante lucidez y alegría por aceptar la delicada e infinita gestación
de la alegría.

Para continuar con el contraste ahora citaremos la reflexión
de Remedios Ávila: “Pero Nietzsche propone otra estrategia: el
humor. El humor en el sentido de la ironía, en el sentido de buen talante
y de ánimo elevado, en el más puro sentido de la alegría.”[13]
¿Hay acaso algún impedimento para la obtención de la
alegría? Rivero piensa que no porque existe un vínculo entre
el humor y la ironía, como características para alcanzar la
raíz plena de lo alegre.

Además, Rivero anota lo siguiente:”La vida nos
habla de la voluntad en la eterna plenitud de su placer, y el placer, la alegría
(Lust) es más profunda que el sufrimiento”[14] La alegría
es intensamente mayor que el dolor puesto que una y otra vez queremos regresar
a ella por medio de cualquier camino pero siempre queremos el bienestar. El
dolor cansa e irremediablemente se desea salir de allí, algunas veces
se desconoce el medio, mas ello no significa que su permanencia sea voluntaria.

Continuando con el propósito del contraste del concepto
alegría, nos remitimos a la siguiente reflexión: “La inspiración
provenzal de La gaya ciencia alude a una conquista vital más profunda.
La esfera del conocimiento debe estar unida al de la alegría: éste
es el tema dominante de esta obra”[15] Conocimiento y alegría.
¿Cómo encontrar una vinculación sin que lo uno excluya
a lo otro? Tal parece ser la respuesta que Nietzsche nos revela en la Gaya
Ciencia, al hacer una intima implicación entre el gay saber y lo alegre,
pues delimita lucidamente su mutua dependencia.

Por otro lado Colli anota lo siguiente:”La grandeza
de Zaratustra reside en su conocer, pero de su conocimiento brota una fuente,
su canto, que desconcierta a los hombres y los aproxima a una vida transfigurada,
redescubierta como riqueza terrestre de alegría”[16] Giorgio Colli
nos deleita con una panorámica sumamente metafórica al abordar
el tema del Zaratustra como esa fuente de emanaciones de conocimiento que
transgrede a las conciencias de los hombres, insinuándolos a redescubrir
la exaltación de la vida en la tierra. Desde el principio, como lo
vimos el Zaratustra es la invitación a experimentar la plenitud de
la existencia en la tierra, lejos de los mundos ultrametafísicos que
los predicadores de la moral nos han aludido.

Prosiguiendo con el fin del contraste, tenemos la meditación
de Birbaum: “El carácter móvil de la victoria se manifiesta
cada vez que se experimenta una alegría que no proviene de un dominio
sobre las cosas –o sobre los demás-, sino de una diversificación
de la existencia”[17]. Esto explica la importancia del devenir en lo
concerniente a la alegría: Revela su triunfo ante cualquier circunstancialidad
existencial, confirmando su carácter incontrolable ante lo humano.
La movilidad de lo ontico nos sumerge en una perdida de control ante las cosas,
carácter que pocas veces notamos debido a nuestra educación
occidental de querer dominar la naturaleza. Por eso Birbaum en su amplia percepción
de la dialéctica más allá del concepto nos exhorta a
reflexionar sobre el inocente devenir: No hay control. Creer que tenemos el
control de la realidad es una de las más grandes ficciones que nos
hemos inventado ante la catástrofe que envuelve nuestro carácter
fragmentario. Por ello tomamos nota de lo siguiente: “La liberación
del devenir doliente en lo dado provoca un sentimiento de alegría casi
expansiva, que tiende a comunicarse incluso a la atmósfera”[18]

En efecto, ello presupone un estado de alivio, al asumir
nuestra naturaleza móvil: Ya no hay porque temer a un destino doloroso,
sino al contrario asumir cualquier situación como un instante alegre
que nos reconcilia con la naturaleza. Esto explica la tonalidad de cualquier
circunstancia como sumamente necesaria, esto es, sin el carácter moral
que las instituciones represivas otorgan al acto humano. Es así como
Birbaum revela lo siguiente:”Y la reprobación de la alegría
no remite a cualquier esencia “seria” del pensamiento, sino que
procede de un espíritu de venganza. Para vencer ese prejuicio del conocimiento,
no se puede demostrar su falsedad: menos que nada, la alegría no se
puede demostrar. Se trata simplemente de ejercitar el conocimiento bajo otra
modalidad, de practicar uno miso una “Gaya ciencia”[19]. Semejante
meditación indica que la supuesta seriedad de las instituciones académicas,
que promueven un rigor basado en una problemática dolorosa no es compatible
con la naturaleza alegre del conocimiento. Buscar el conocimiento no es en
efecto un acto doloroso, sino por el contrario, es la asunción de una
mentalidad abocada a la exploración de la alegría como único
medio para la obtención del saber. La alegría no le resta crédito
al conocimiento, por el contrario lo reafirma.

Así es como entra aquí George Bataille llevándonos
a lo siguiente:

Existe una falsa apariencia de alegría contra la que
nada se puede; pero a quien la adopta no le queda finalmente más remedio
que contentarse con ella. Nosotros que nos hemos refugiado en la felicidad,
que tenemos necesidad, en cierto modo, del mediodía y de una loca sobreabundancia
de sol, nosotros que nos sentamos al borde de la carretera para ver pasar
a la vida, semejante a un cortejo de máscaras, a un espectáculo
que hace perder el sentido, ¿no parece que tenemos conciencia de una
cosa que tememos? Hay algo en nosotros que se rompe fácilmente[….][20]

Bataille en esta meditación hace un llamado a no contentarse
con los falsos ideales de la alegría, suponiendo que existe un conformismo
con las morales ofrecidas por la tradición judeocristiana. Ello implica
un conformismo hacia las visiones limitadas de la vida, esto es, a los derribamientos
del espíritu cuando se encuentra aprisionado en una ley que no le pertenece.Conclusiones:En
lo que respecta a la reflexión final, creo necesario cultivar la capacidad
de tener una praxis directa de cada una de las meditaciones nietzscheanas.
Pues el propósito del pensar de Nietzsche, es una superación
de toda concepción metafísica de la existencia, y quedarnos
en la mera repetición de sus metáforas, resulta superfluo, si
no se cuenta con la voluntad de poder, para efectuar una transmutación
en nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Ahora en lo que respecta
a lo alegre, se suele tener un prejuicio de dicho estado como superación
personal o algo así. Fenómeno que no corresponde a dicho esquematismo.
Pues la razón de esta meditación es más que nada, crear
una conciencia capaz de digerir las fuerzas naturales del universo, pues estas
son siempre afirmativas. Afirmar la vida, afirmar lo alegre, sin propósito
alguno, más que el de experimentar la gran satisfacción que
produce estar arrojados en el mundo, sin tener pánico por la ambigüedad
o supuesto caos de la existencia. Ya que la realidad en la que decidimos vivir,
es siempre la que deseamos. Uno llamará a su mundo a la alegría,
siempre y cuando se disponga del ánimo de dejarse absorber por dicha
sintonía, en consecuencia estaremos envueltos en una nueva salud, que
no conoce decadencia alguna.Algunos pensarán a la alegría como
optimismo, cosa que resulta superfluo, pues con la consecución de dicho
estado vital uno logra trascender cualquier esquematización paranoide.
Ya que, el miedo es uno de los demonios que tenemos que derribar una vez emprendido
nuestro camino para superar el nihilismo, por medio de lo alegre. Es una decisión
de combate y lucha constante contra las fuerzas alienantes de la sociedad,
que aparentemente son mayorías. Pero recordemos que las fuerzas de
la alegría nos rodean por todas partes y sólo es cuestión
de lograr una percepción adecuada, lo que nos arrojaría ha postrarnos
en dicha sintonía, no como un robo o un secuestro, sino como algo que
nos pertenece desde nuestra esencia. Por eso, es importante recordar que lo
alegre tiene implicaciones poéticas, en cuanto es un estado que renuncia
a la visión alienante-moral que nos ha sido impuesta por los modos
de vida modernos. Vivir como poeta, vivir en la afirmación de la alegría,
es superar el nihilismo. Aunque ello no significa, que el nihilismo, es algo
a evitar dentro de la experiencia humana, pues cada quién tendrá
su tiempo dentro de la evolución de su modo de ser en el mundo. Y esa
evolución es la alegría, pues es una energía que suspende
el juicio, y por ende al pensamiento. Cuando uno consigue la vivencia de dicho
estado ya no es necesario el pensamiento, sino que viene el Gay Saber, ese
al que Nietzsche le dedico tantas bellas meditaciones durante su propia revelación.

Bibliografía

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Rivero Weber, Paulina (2002) Nietzsche Verdad e Ilusión
México. Gerardo Villegas Editor, México: p.p 156

Safransky Rudiger (2001) Nietzsche, Tusquets Editores, España:
p.p.410

[1]. Licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma
de Baja California (UABC). Directora de Espiral (www.revistaespiral.org).
Actualmente cursa la maestría en docencia en la Facultad de Pedagogía
de la UABC.
[2].NIETZSCHE F. 1994, 32p.p. La gaya ciencia, Editores Mexicanos Unidos,
México, p.p.185
[3]. NIETZSCHE 1994, Ibíd. 35p.p.
[4]. NIETZSCHE 1994, Ibíd. 38 p.p.
[5]. NIETZSCHE, F., 2003. Así habló Zaratustra 43p.p. Editores
Mexicanos Unidos, México: p.p.287
[6]. Nietzsche 2003, Ibíd. 223 p.p.
[7]. Nietzsche, Friedrich, 2002. Ecce Homo p.p.34 ,Editores Mexicanos Unidos,
México: p.p 135
[8]. DELEUZE Gilles, 2002. Nietzsche y la Filosofía p.p.270, Ed. Anagrama:
Barcelona España. p.p.275
[9]. DELEUZE Gilles, 2002.Ibíd. p.p. 266
[10]. DELEUZE, Gilles, 2002.Ibíd. p.p. 266
[11]. SAFRANSKY, Rudiger 2001. Nietzsche 255 p.p., Tusquets Editores, España:
p.p.410
[12]. SAFRANSKY 2001, Ibíd.. 256 p.p.
[13]. ÁVILA, Remedios. 2005 El humor y la alegría en Nietzsche
www.elcultural.es/Especial/Nietzsche/Nietzsche02.asp, fecha de consulta, 5
de Agosto 2005.
[14]. RIVERO WEBER, Paulina 2002. Nietzsche Verdad e Ilusión p.p. 95
Gerardo Villegas Editor México:156 p.p.
[15]. COLLI, Giorgio, 1980,.Introducción a Nietzsche p.p.66 Adelphi
Editores, México: p.p.139
[16]. COLLI, Giorgio, 1980. Ibíd.. p.p.68.
[17]. BIRNBAUM, Antonia 2004.Nietzsche p.p. 97, FCE México: p.p.285
[18] . BIRNBAUM, Antonia 2004, Ibíd. p.p. 97.
[19]. BIRNBAUM, Antonia 2004,Ibíd. p.p.97.
[20]. BATAILLE, George 1979. Sobre Nietzsche, Voluntad de suerte.

[*] Licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma
de Baja California (UABC). Directora de Espiral (www.revistaespiral.org).
Actualmente cursa la maestría en docencia en la Facultad de Pedagogía
de la UABC.

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