En la sala una botella de vino desaparece lentamente y el humo del tabaco dibuja el territorio de los Lakota. Las velas sobre la mesita de centro son lo más próximo a La Danza del Sol.
Un hombre sueña otro mundo recostado en mi sofá. Se transforma en gato montés y sale a caminar entre las casas del barrio, en pájaro y sobrevuela Santa Fe de la Laguna, en hombre y sobrevuela la Ciudad de México.
Mi respuesta es siempre sí a todas las posibilidades mágicas.
Yo, la bruja.
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El baile empezó a la 1:30 am y terminó en la habitación. Este hombre hace una fiesta para celebrarnos sin pronunciar una palabra. Me acomoda las plumas, me abre las alas. Su lenguaje revela que existe un lugar sin registro en mis bitácoras o en el almanaque onírico. Es un pájaro, así que le creo: sabe cómo llegar. Despierta con la espalda libre de nudos y yo con la piel cubierta por paisajes. Un hilo de luz asciende sobre mi columna vertebral, pronto saldremos volando por la ventana. Adentro cantamos.
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He visto el infinito. Apareció detrás del silencio, ese tan particular, ahí, en sus pupilas. Duró un instante o dos. Estaba casi oscuro.
Yo paz, asombro, vuelo, mujer agua.
Yo, navegante navegada.
Miriam García Aguirre
Tijuana, B. C., marzo 2014.
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