admin on Lunes, febrero 20, 2012 ·
Fracturas en la superficie geográfica. Estructuras de cemento quebradas. Una catástrofe de inimaginable magnitud. Caos por el hambre. Desesperación de las lenguas cada vez más secas. Cadáveres regados en el centro de las calles. Un desnudo caminando. Una mujer grita desesperada, levanta su llanto al cielo. Filas salvajes para recibir ayuda. Hombres forcejean. Personas se matan en saqueos. Armas. Soldados ocupando las calles. El cartón periodístico: un soldado de Estados Unidos le ofrece la punta de su metralleta a un hombre como ayuda, mientras él se estira, sepultado entre las ruinas. Un video justo en el momento después del primer temblor. Abajo se ve la planicie, alta nube de polvo y silencio, silencio total, silencio de muerte. Horror. Respiraciones agitadas, pánico de las mujeres que graban, “the World is gonna end”.
Linchamientos en las calles. Niño esposado por robar comida. Mujer embarazada caminando con sus tres hijos. Infantes regalados por sus padres y madres. Misioneros acusados de secuestro, atrapados con más de 30 niños en la frontera. Tráfico de órganos, tráfico de personas, altísimo número de amputados, falta de medicamentos, falta de médicos, falta de todo. Muertes por desatención. Cadáveres apilados. El olor a sangre y cadáver. Vida. Los sobrevivientes en busca de superar el día. Se impone la ley del más fuerte. Más saqueos, más violencia. Asesinatos y golpizas cerca de los mercados derrumbados. Rescates extraordinarios, un hombre salvado luego de 28 días de permanecer en los escombros, los huesos pegados a la piel, deshidratado y su mirada de asombro ante el aliento de vivir. Volver a vivir. Embarques de ayuda humanitaria, siempre insuficientes. Mientras dura el fenómeno mediático. Poco a poco se distribuye la poca comida, la poca agua. Los habitantes derriban las cercas en los puntos de ayuda. Cuerpos apretados con una fuerza que se empuja hacia adelante. Instinto del hambre, violencia por hambre, sobrevivencia a como dé lugar.
Caras, miles de caras en una multitudinaria oración, miles de manos hacia el cielo, miles de ojos cerrados, miles de caras abiertas en el semblante único de la esperanza, ojos que miran directo a la humanidad, su humanidad, nuestra humanidad, ojos llenos de preguntas elementales y verdades forzosamente raquíticas. Carencia sumada a toda su carencia de antes. El país más pobre del continente, más de diez millones de habitantes antes de la sismo, miles de muertos, decenas de miles de muertos, cientos de miles de muertos, más de 250 000 dispersos por doquier. Las cifras son imprecisas todavía. Comunidades completas devastadas, absoluta inmovilidad del desastre, los derrumbes, la pesada fijeza de los escombros, las pieles cubiertas en el polvo gris del cemento. Lluvias, lluvias sobre los refugios improvisados, paredes de tela una al lado de la otra, primeros barrios autoconstruidos, pasillos en la tierra, gente caminando descalza por el lodo.
Caras de solidaridad, testimonios de ilusión, necesidad de futuro, necesidad de que pase el tiempo más rápido, que llegue la ayuda prometida, todo el reconocimiento y el apoyo a una nación que durante tanto tiempo fue ignoraba, gobernada de una manera voraz. Ultrajada por los extranjeros, sometida a su voluntad económica y política. Una nación operada a partir de intereses estratégicos. Más de 20 000 soldados estadounidenses instalados con la coartada de la organización de la ayuda, “Más médicos y menos militares” dice Evo de Bolivia. Los aviones siguen llegando, bajan hombres armados, dónde está la comida, más efectivos militares, dónde están los doctores, presencia militar con duración indefinida, el objetivo sacar el máximo provecho como punto militar importante. Declaraciones: “Es hora de secar las lágrimas” dice Preval, presidente de Haití. La gente a la espera en sus refugios, a la espera de algo que se ha tardado siglos en llegar, y que ahora se irá esfumando entre los medios de comunicación, vuelve la normalidad, la ignorancia de todo. Los deportes y escándalos de moda, en fin. Lo más terrible del sismo es el silencio, el silencio que todavía permanece en el espíritu. La esperanza se volverá otra forma de morir para los habitantes sin voluntad. Una fuerza rodea a cada uno de los sobrevivientes, comenzar desde abajo, su pleno renacer a un mundo donde al menos puedan dejar testimonio de su estancia pasajera. Vida entre las grietas.
13 de febrero 2010
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