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Entrevista a Beatriz Sarlo, a propósito de la publicación de Escritos sobre Literatura Argentina (Siglo Veintiuno Editores). *

“Hago crítica porque siempre hay algo en los libros que me resulta
incomprensible y quiero explicármelo”

Por Alejandro Cavalli

Contame sobre tu infancia, dónde transcurrió y qué tanto
influyó en vos a la hora de escribir.

Nací y vivo en Buenos Aires. Mi casa de infancia estaba en el límite
exacto entre un barrio considerado discreto y elegante, Belgrano, y una zona
más pobre de capas medias y medias bajas, Villa Urquiza. Esa intersección
es probablemente bien representativa de las aspiraciones culturales de mi
familia que provenía directamente de la inmigración, pero, como
era común en la primera mitad del siglo XX, había realizado
un ascenso social por la vía educativa. Crecí rodeada de maestras,
ya que era precisamente la Escuela Normal la que permitía ese ascenso
de los sectores populares a las capas medias y tanto mi madre como sus hermanas
habían seguido ese camino.

¿A qué edad supiste que ibas a ser escritora, recordás
cuáles fueron las primeras oraciones que escribiste, de qué
hablaban?

Nunca supe que iba a ser escritora, no hubo una revelación ni nada
por el estilo; probablemente comencé a darme cuenta muy tardíamente,
después de los treinta años. Antes, como muchos en los años
sesenta y setenta, había creído que estaba destinada a la política.
Nada menos cierto, aunque tardé muchos años en darme cuenta.
Mi interés en la política subsiste intacto, pero ya tengo que
reconocer que allí no están mis cualidades. Me gusta, en cambio,
seguir escribiendo sobre política.

Escritos sobre literatura argentina es tu nuevo libro, son textos escritos
entre 1980 y la actualidad; ¿qué les podés adelantar
a los lectores pueden encontrar es este nuevo volumen y cómo surge
la idea de llevar adelante esa compilación?

Son los ensayos y textos que fui escribiendo en paralelo a los libros unitarios;
Escritos sobre literatura argentina no repite esos libros unitarios, aunque
están presentes las mismas obsesiones. Diría que básicamente
dos: cómo fue el proceso de modernización cultural en el siglo
XX y, especialmente, cuál fue la dinámica de las vanguardias,
en particular la originalidad de Borges y de Arlt; y, en segundo lugar (o
en primer lugar, según se quiera verlo), qué sucede con la literatura
del presente, cómo me relaciono con la narrativa a medida en que se
va escribiendo. La idea de hacer la compilación fue de Sylvia Saitta,
hoy titular de literatura argentina en la Facultad de Filosofía y Letras.
Ella comenzó a trabajar conmigo desde muy joven, más o menos
a los veinte años, y probablemente sea la persona que más conoce
lo que he hecho.

¿Cómo ves el desarrollo de la literatura nacional hoy? Pregunto
porque, a diferencia de las décadas del 60 y 70, por ejemplo, el editor
estaba sentado esperando libros que escritores ofrecían, pero hoy es
distinto, los editores hacen estudios de marketing y dicen tal tema vende,
y salen a buscar a un escritor que ellos crean puede escribir ese libro. ¿No
creés que eso produjo una decadencia notable en la calidad de lo que
se escribe? Muchos libros destinados a un olvido seguro…

Siempre se han publicado libros destinados prácticamente al olvido
desde el momento mismo en que salían de la imprenta, o libros exitosos
que duran diez semanas. En ese sentido, basta leer un trabajo del crítico
alemán Jauss que investigó qué otros libros aparecieron
el año en que salió Madame Bovary, y lo que se comprueba es
que esa gran novela estuvo rodeada de novelones sentimentales horribles. Lo
que sí puede señalarse de la dinámica actual de publicaciones
es que existen géneros que no son exactamente géneros literarios
sino ‘géneros editoriales’; es decir, fórmulas para
hacer libros que son propuestas por un editor a un potencial autor. Por ejemplo,
lo que hoy se llama novela histórica: el editor decide que la segunda
o tercera amante de algún coronel de la independencia es un tema interesante,
encarga una pequeña investigación para ver si hay materiales,
se comprueba que existen algunas cartas (por otra parte archiconocidas) y
se contrata la futura novela. En este proceso, la dinámica no está
del lado de la literatura sino del lado de la industria.

Al respecto, ¿qué autores argentinos contemporáneos vivos
creés vale la pena leer y seguir su obra? ¿Quiénes te
interesan como lectora?

En la última parte de Escritos sobre literatura argentina hay ensayos
sobre novelistas actuales que me interesan, como Fogwill o Daniel Link; pero
no he escrito sobre todos los que me interesan. Por ejemplo: no he escrito
sobre algunas novelas últimas, como Hidrografía doméstica
de Gonzalo Castro u Opendoor de Havilio, o Leer y escribir de Ariel Bermani.
El libro incluye un ensayo sobre Juana Bignozzi, pero también me hubiera
gustado escribir sobre Daniel García Helder o sobre Diana Bellessi.

¿Cuál es hoy el papel del intelectual hoy en esta sociedad
cada vez más banal en donde pareciera no hay otra cosa más que
Tinelli y Gran Hermano?

No soy muy partidaria de las grandes definiciones sobre el papel del intelectual.
Creo que el primer deber del intelectual es hacer bien su trabajo y considerar
la posibilidad de que ese trabajo circule más allá de los círculos
especializados y académicos. Quizás podría decirse que
el intelectual está en condiciones de comunicar una esfera específica
con una esfera pública más amplia, pero que hacerlo sin concesiones
es muy difícil.

¿Qué opinás de esta televisión?

No miro televisión, excepto deportes y algún programa político.
Si la televisión no piensa, no pensaré en ella, escribió
Serge Daney, que era un gran crítico de cine que intentó hacer
notas sobre televisión y desistió.

¿Por qué crees ya no hay plumas como las de Borges en el país?
¿Crees que hay una decadencia en la calidad de los nuevos escritores?
Y en ese caso, ¿Por qué?

No me gusta pensar el presente en términos de decadencia, creo que
es tan equivocado como inútil. Cuando Borges publicó sus tres
primeros libros de poemas en la década del veinte, sus contemporáneos
lo leyeron con interés pero nadie pensó que estaba surgiendo
el gran escritor que iba a ser en los años cuarenta. No se puede tener
un juicio tan anacrónico sobre el propio presente. La actualidad es
interesante en sí misma, como tiempo de experiencia estética,
intelectual y vital.

¿Cuál fue la fórmula de Borges, vos crees, para llegar
a ocupar el lugar de prestigio que ocupa hoy su literatura a nivel mundial
por su literatura tan bien escrita?

Traté de pensar muchas veces por qué Borges era tan original.
La respuesta que encontré es que tiene una forma particular, irónica
pero obsesiva e intensa, de ser argentino, o quizás sería mejor
decir: porteño. Para Borges el Martín Fierro es el texto canónico
y vuelve al poema para completarlo, corregirlo, citarlo, desviarlo (como dice
Harold Bloom que hacen los grandes escritores con sus precursores). El otro
rasgo borgesiano es la forma en que esfuma los límites entre la ficción
y el ensayo, proponiendo un tipo de texto inclasificable y ambiguo.

¿Por qué crees que no le dieron el Nobel?

Por dos razones. La primera es que la obra de Borges no es una obra ‘tipo
Nobel’. Las obras ‘tipo Nóbel’ son extensas, muy
representativas de una nación o una región, muy claramente humanísticas.
La segunda razón es que Borges tuvo, durante varios años una
posición equivocado sobre la dictadura militar y el Nóbel es
un premio que, en ese sentido, siempre prefiere escritores explícitamente
democráticos.

¿Hay algún escritor argentino vivo que se merece un Nobel de
Literatura para vos? ¿Quién y por qué?

Creo que ninguno. Pero mucho no pienso en esas cosas porque me aburro. La
última buena noticia que trajo el Nóbel fue Jelinek.

¿Cómo ves a los nuevos críticos que van a pareciendo,
encontrás trabajos interesantes?

Los nuevos críticos provienen casi sin excepciones de la universidad.
Hay muy buenos ensayistas sobre literatura: Sergio Chejfec, Daniel Link, Alan
Pauls, Carlos Gamerro, Luis Chitarroni. No son demasiado jóvenes, sin
duda, pero es necesario pensar que la crítica es, en general, un tipo
de escritura más tardía que la poesía o la ficción.

Una declaración tuya: “hago crítica porque siempre hay
algo en los libros que me resulta incomprensible, y quiero explicármelo”.
¿Siendo crítica, soportás que te critiquen?

Quien conozca los avatares de los últimos años verá
que no sólo acepto que me critiquen sino que he sido duramente criticada.
Me gustan las polémicas de ideas, no las rencillas por un lugar bajo
el sol. En ese sentido, me resultó bien interesante polemizar con Horacio
González en la revista Debate, y me pareció que carecía
de todo interés responder el ataque de Saccomanno.

Contame bien qué es lo que pasó con Guillermo Saccomanno, esa
discusión vía notas que tuvieron en Página 12 ¿a
qué se debió? ¿Qué opinás de Saccomanno
y de su literatura?

Saccomanno creyó que yo había invitado una vez a Osvaldo Soriano
a la facultad de Filosofía y Letras y había permitido e, incluso,
alentado que los estudiantes se burlaran de él. Esa mentira ya había
sido difundida antes por Osvaldo Bayer. Le aclaré a Saccomanno que
jamás había invitado a Soriano y, como no había ideas
para discutir y los hechos, para mí, estaban muy claros, no seguí
la cuestión.

Luego de pasar un día leyendo y escribiendo por trabajo, qué
te gusta leer en tus ratos de ocio, ¿qué autores elegís
por placer?

Como trabajo habitualmente con literatura argentina, en general leo otras
literaturas cuando no estoy escribiendo. Busco, como en el caso de la literatura
argentina, a autores jóvenes, y hago apuestas (no me salen bien todas
las apuestas, por cierto). Leí hace poco a una japonesa que escribe
en alemán, Awada, autora de una novela que se llama El ojo desnudo;
o autores rusos como Pellevin, que hablan de un mundo postsoviético
que parece casi una ciencia ficción.

En la actualidad dirigís la revista Punto de vista, contanos qué
están publicando, qué les interesa difundir.

Punto de Vista es el lugar donde un grupo de intelectuales escribimos con
mayor libertad para experimentar ideas, ensayar hipótesis, explorar.
Al ser una revista independiente, que se autofinancia, dirigida a un público
muy semejante a quienes la hacen, es como un banco de pruebas, donde cada
uno de nosotros se siente en la mayor libertad conceptual y formal. La revista
apareció en 1978 y sigue hasta hoy sin interrupciones precisamente
porque es un instrumento indispensable para quienes están en ella.
Es un tipo de espacio que no se confunde ni con el periodismo cultural ni
con la prosa académica.

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Beatriz Sarlo nació en Buenos Aires en 1942.

Es profesora de Literatura Argentina en la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad de Buenos Aires. Dictó cursos en las universidades
de Columbia, Berkeley, Maryland y Minnesota; fue becaria del Wilson Center
en Washington y “Simón Bolívar Professor of Latin American
Studies” en la Universidad de Cambridge.

Ha trabajado sobre literatura popular sentimental, historia del periodismo
y de los medios de comunicación, cine y cultura de masas en relación
con la producción artística, y el papel de los intelectuales.
Ha escrito sobre Sarmiento, Echeverría, Arlt, Borges, Saer y Cortázar.

Colabora habitualmente en los diarios Página/12 y Clarín y
dirige, desde 1978, la revista Punto de Vista.

Entre sus obras:

* El imperio de los sentimientos (1985). Catálogos.

* Una modernidad periférica (1988). Nueva Visión.

* La imaginación técnica, sueños modernos de la cultura
argentina (1992). Nueva Visión.

* Borges, a writer on the Edge (1993). Verso.

* Martín Fierro y su crítica (1994). Antología. Centro
Editor de América Latina.

* Escenas de la vida posmoderna; Intelectuales, arte y videocultura (1994).
Ariel.

* Borges, un escritor en las orillas (1995). Ariel.

* Instantáneas: Medios, ciudad y costumbres en el fin de siglo (1996).
Ariel

* La máquina cultural: Maestras, traductores y vanguardistas (1998).
Ariel

En colaboración:

* Conceptos de sociología literaria ( con Carlos Altamirano) (1990).
Centro Editor de América Latina.

* Ensayos argentinos: de Sarmiento a la vanguardia. (1997) (con Carlos Altamirano).
Ariel.

(datos extraídos de www.literatura.org )

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Alejandro Cavalli (Santa Rosa, La Pampa, Argentina, 1975).- Cursó
el taller de poesía dictado por la poeta Aurestela Mini entre 1994-1999;
y el de narrativa del escritor Guillermo Saccomanno durante 2004. Se recibió
de Periodista y de Licenciado en Comunicación Social en la Escuela
Superior de Periodismo, Instituto Grafotécnico, Buenos Aires. Ha trabajado
para la Agencia Internacional de Noticias Literarias Librusa, el diario argentino
Infobae, y para el periódico mexicano Excélsior, el sitio mexicano
www.palabrasmalditas.net y el sitio argentino www.4semanas.com.ar, entre otros
medios. Actualmente vive en Capital Federal, Argentina, y trabaja escribiendo
para el diario pampeano La Arena, para el sitio de Internet Latinoamericano
www.newpolitic.com y para la revista mexicana Replicante. Ha publicado, entre
otras obras, el poemario El agua de la sombra (Editorial Extra, Argentina,
1997) y la novela El hombre de la pipa (www.amarilloeditores.com). Entre sus
textos inéditos se encuentran Los orígenes del alga (poesía);
Podrías decirle unas palabras, preguntarle cómo está
la niña (poesía); Almejas profundas de la bella dona (poesía);
Charango (obra de teatro infantil para títeres) y Berta (novela).

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La presente entrevista fue publicada originalmente en www.newpolitic.com

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