
Por Alfredo González Reynoso
La base de la estructuración del sujeto, según Lacan, es la fantasía. Es decir, a partir de que se percibe la Ley del Padre como un absurdo, como un sinsentido, es que surge el famoso cuestionamiento lacaniano: che vuoi? (¿qué quiere el otro de mí?). El sujeto, pues, es la construcción, fantasmática, de una respuesta a esta pregunta. Por eso se explica el $◊a, la aparición de un sujeto tachado ($), vacío, dividido, que se enfrenta al otro (a). He ahí que, para Lacan, el deseo es entendido como “el deseo del otro”.
Tomemos la película Secretary (2002), de Steven Shainberg, como ejemplo. Lee (Maggie Gyllenhaal), la protagonista, es una joven que desde chica se hace algunas pequeñas heridas controladas (con la medicina y curita a la mano) cada que se enfrenta a un problema, especialmente con el padre o con el jefe. La clásica figura masoquista, en el sentido psicoanalítico, que busca sentir el dolor para construir la fantasía de que puede controlarlo. Esta fantasía de control es, por supuesto, la que le causa placer, pues le hace creer que controla también el núcleo traumático: el complejo de castración.
Al comienzo de la película, Lee se muestra aún muy regresiva (corre a su recámara, adornada con motivos infantiles, cuando tiene un problema con el padre; sigue en cierta relación simbiótica con la madre; etcétera). Acaba de volver a su hogar de un viaje que hizo desde que salió de preparatoria, por lo que se puede sugerir que dejó conflictos edípicos irresueltos. Así entonces, Lee aún no termina de construir su subjetividad. Esto se muestra en la insistencia performativa que toma al hablar sola sobre asuntos hipotéticos del futuro (su posible cita de trabajo en el gobierno, su posible forma de contestar el teléfono como secretaria, etcétera); es decir, que estos actos son como “sujetos flotantes” que ella desea alcanzar.
Eventualmente, Lee consigue el trabajo como secretaria del Mr. Grey. Su nuevo jefe es un tipo extraño, un weirdo. Pronto se muestra especialmente estricto con Lee, controlador. Después: la escena clave de las nalgadas en el escritorio. Mr. Grey la obliga a inclinarse y leer una carta mal redactada. Sus recriminaciones, sus castigos (las nalgadas), toman un carácter extra-laboral absurdo. Mr. Grey es, pues, la personificación del che vuoi? Lee tiene que responder a esa pregunta (¿qué quiere el otro, Mr. Grey, de mí con esas nalgadas que descontextualizan nuestra relación laboral?) y, al hacerlo, se inserta en un cierto orden simbólico sadomasoquista. Desde ese momento, Lee prescinde de sus pequeñas heridas.
Lacan habló de la naturaleza mortuoria del significante, ya que éste “mata” a su referente (la Cosa) al insertarlo en un orden lingüístico (simbólico) que es ajeno a lo Real. Así entonces, Lee, este ser humano Real, biológico, tiene que ser sustituida por un significante para insertarse de lleno en el orden simbólico tras la resolución del Edipo. Es interesante cómo la película, cerca del final, representa este momento cinematográficamente. Tras dejar plantado a su prometido y declararle su amor a Mr. Grey, éste le ordena que se mantenga sentada y quieta en su escritorio hasta que regrese. Pasa el tiempo y Lee se mantiene prácticamente inmóvil, esperando. Llega el prometido y, confundido, le pregunta por qué no mueve ni siquiera sus manos; ella responde: “Porque quiero”. ¿Hay otro ejemplo más claro para representar el deseo como deseo del otro? Llega una sucesión de personas a platicar y ella se muestra indiferente, con la vista perdida. No come, orina en su vestido; en otras palabras: tiene un largo proceso mortuorio. Después, situación clave, llega su padre y le dice cómo ella, a pesar de ser “sangre de su sangre”, es una persona independiente a él, que puede hacer lo que quiera, a lo que ella responde con una sonrisa en la cara: “Gracias papá”. Lee alcanza, pues, el estatuto lacaniano de significante.
Tras “pasar la prueba” después de resistir cerca de 3 días sentada, Mr. Grey llega con Lee y se la lleva a su recámara para bañarla y cuidarla. Mr. Grey y Lee se vuelven pareja. Lee, mediante el uso de la voz en off, dice cómo ya siente que tiene un lugar en el mundo. Lee, pues, es ya un sujeto significante que ha tomado un lugar en el orden simbólico.