La Parábola del Talk Show

La producción
del programa les dio una cena gratis en el restaurante que queda a dos cuadras
del canal. El lugar no es el más elegante de la ciudad, pero después
de tantos perdones, abrazos y besos a nivel nacional, comerían donde
fuese. Lo que fuese. Quizá una vaca vieja y famélica que murió
naturalmente a causa de la tristeza; una vaca cortada en trocitos que nadan
en un guisado común, todo acompañado de un arroz blanco de ésos
que sirven en las bodas. Quizá. Se acomodan unos frente a otros, sin
buscarse los rostros; lo hacen de la manera más mecánica, igual
que cuando se va a un restaurante y sólo se pretende comer.

El hijo mayor –ahora hija- de la familia, se echa el cabello planchado
hacia atrás, en un intento de no embarrarse de comida en el futuro.
El menor –antes homófobo- observa este acto de manera un poco
incómoda. Aún no se acostumbra a la idea de su hermano vestido
de mujer. La madre menciona la ausencia del menú, pues no sabe que
la cena ya ha sido asignada por la producción. Tres platos calientes
son servidos a la mesa. La entrada es un ave hervida en jugo de tomate, cebolla
y hojitas de laurel. La humareda de los platos desata comentarios sobre quemaduras
en la lengua. Soplan por inercia, empujando el vapor hacia diversos lados.
Alguna cucharada. El comentario halagador por parte de la madre, algo como
qué bien se te ve ese vestido, hijita. Le dice hijita porque hace unos
momentos le confesó que le gusta que le diga hijita y no hijo de puta,
como solía decirle antes de mencionar que su padre lo había
violado y que por eso decidió convertirse en mujer. El padre ya está
muerto, así que no cabe culpar a nadie acerca de su orientación
sexual. Un muerto sin derecho de réplica. El hermano asiente en la
cordialidad. Realmente no piensa que su hermana se ve bien. Más bien
piensa que se ve como una mujer malcirujeada por algún médico
baratón. Pero no lo dice. Quizá cree que no le compete. Quizá,
no desea más problemas ahora que todo se ha arreglado. Ella sonríe,
agradece y da un soplido, luego una cucharada. Prefiere la vida así:
con una familia que la acepta tal cual. Sabe que fue lo mejor: mandar un correo
electrónico con su caso y las decenas de entrevistas filtro y las investigaciones
y todo el papeleo y el makeover para verse especialmente bella este día.
Los regalos por parte de los patrocinadores, bonos y vales de descuento en
estéticas, spas y lugares que cuidan de la piel. La llamada en unos
días: un ingeniero que busca una relación seria con ella. Parece
que la verdadera felicidad está por venir. Adiós a los años
de miedo y mentiras, a los golpes, a las habladas, a la intolerancia, a las
negaciones, adiós a todo aquello que le hacia infeliz. Ahora, en esta
nueva vida todo se ve mejor. Ahora, su perseverancia da frutos. Es la página
final de un libro de superación personal. Es una película hollywoodesca
con un feliz final esperado.

Mañana tal vez despertarse con una canción y disfrutar del amanecer
a tierra mojada y pensar en el futuro como una gran posibilidad y respirar
profundamente y llenarse los pulmones con un oxígeno que huele distinto
y convertirlo en bióxido de carbono para alimentar a los árboles.
El sólo pensar en esto le da ánimos y come gustoso un caldo
que ya no quema. Habla de la búsqueda de pareja, de abrir un negocito,
compartir con su madre los bonos y vales de belleza que le obsequiaron. Este
es un momento de la felicidad más absoluta. Imagina que Dios existe
pues su martirismo ha sido premiado de una manera poco común. Cuando
el programa salga al aire, muchas personas la reconocerán en la calle,
muchas querrán ser sus amigos por aquello de la fama y el estatus televisivo.
Conforme este infinito abanico de posibilidades evoluciona, su optimismo se
hincha en el pecho. Todo tiene solución, menos la muerte; intenta recordar
este dicho popular y mencionarlo a su familia, como la moraleja del día,
una parábola bíblica que adoctrina al resto de la humanidad
dándoles esperanzas acerca de la felicidad absoluta. TODO TIENE SOLUCIÓN
MENOS LA MUERTE. Todotienesoluciónmenoslamuerte. No puede recordarlo
ahora, porque ahora la vaca famélica y triste del quizá está
siendo servida junto al arroz blanco de boda. Si la vaca supiera el dicho
y se lo hubiese adjudicado, sus pedazos no estarían en estos platos
made in China. De haber huido de los malos tratos y las violaciones anales
y vaginales por parte de su dueño, el suicidio del animal, en su huelga
silenciosa de hambre, no sería, ahora, una realidad. Pero lo es. Y
junto a ella un hermano menor que arruinará esta felicidad imitando
a la vaca en unos meses. Ahorcándose con un cinto, en la cama, al final
de la cohabitación con su madre. Ella dormida, cansada, pues la edad
ya no le permite el disfrute del postcoito. Orgasmo y quedarse dormida porque
con los años las energías corporales disminuyen. Él no
puede dejar de envidiar a su hermana mientras disfruta de esta nueva vida
y de la vaca de carne dura pegada al hueso. Quisiera haber sido él
quien acusa a la madre de violación en cadena nacional y obtener todos
los premios y respirar mañana un oxígeno distinto para convertirlo
en distinto bióxido de carbono. Quisiera ser él quien al final
del programa llora y abraza a la conductora y cuando los créditos,
un público aplaude su hazaña y compadece su sufrimiento. Quisieraserella.
No vestirse de mujer pero sí acariciar otro cuerpo y penetrar otra
vagina que no lo haya parido. Y ser por primera vez feliz. Reprime el llanto
mientras hunde los pedazos de la res en la salsa condimentada. Mientras desea
que mamá no se embriague demasiado para ayudar a la libido. Mientras
piensa las bondades de amarrarse las trompas de Falopio, pues aún peor
habría sido tener un hijo de su madre. Pero los oráculos y los
dioses vengativos no existen ahora. Mamá pide una cerveza para acompañar
el plato; unas más y la dilatación del cuello uterino. La lubricación
de la cincuentona que sonríe y brinda por esta familia. La familia
que Dios le ha dado. Todo tiene solución menos la muerte, recuerda
la hija y alza la cocacola light que el mesero acaba de traerle.

Gabriela Torres (Monterrey, Nuevo León, 1982).- Fue
codirectora del tríptico de literatura y fotografía erótica
Himen. Publicó la plaquette de cuentos Están Muertos y ha sido
incluida en distintas antologías sobre nuevas voces narrativas. Actualmente
dirige la editorial independiente Harakiri, es miembro del consejo editorial
de la revista Papeles de la Mancuspia. En 2004-2005 fue becaria del Centro
de Escritores de Nuevo León con su primera novela Tal vez en otro lugar.
Ha publicado en revistas y periódicos de nivel local y nacional. Pertenece
al interdisciplinario Proserpina y al colectivo Las Infratraductoras Bárbaras
del Norte en la Inquietante e Internacional Semana de las Mujeres Traducidas.
Escribe para la revista Armas y Letras de la UANL, La Rocka (NL), periódico
de música, así como para Indie-rocks! (DF), publicación
de música independiente. Estudia la licenciatura en Letras Hispánicas
en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Coordina el Encuentro
de Escritores Jóvenes del Norte de México: Voces Convergentes
en La Silla. Codirige la cultural factory ProducTorres y asociados. Ediciones
Intempestivas publicará su libro de cuentos Incompletario.