Por Aurora García
Usted ha afirmado que ‘el paraíso es un jardín’.
Tomando en cuenta los eventos del siglo XX, donde la arquitectura -cual polo
opuesto- queda entonces en calidad de infierno, ¿en qué términos
queda su arquitectura en el siglo XXI?
La arquitectura es una imposición, la arquitectura
es un invento. Hacer un puente o construir un domo o una catedral es una imposición,
es un invento. Sin embargo está inmersa en un paisaje natural, o las
ciudades por muy extensas que sean están situadas en una topografía
natural, en una cuenca, una ladera. Entonces aunque tenemos la arquitectura
como un capricho finalmente está vinculada al lugar, al territorio;
dependiendo de la sensibilidad de cada quién se vincula más
o menos con su entorno.
Hay urbanistas que afirman que el verdadero reto en cuanto a problemas
urbanos se encuentra en la Ciudad de México. Me he dado cuenta que
usted es de los que busca soluciones, que interviene en la ciudad; ¿a
qué se debe esa iniciativa propia en cuanto a intervención en
problemas urbanos? No cualquier arquitecto lo hace.
A mí me interesa la Ciudad de México porque
vivo ahí; y como vives ahí pues te das cuenta de problemas,
si se te ocurre alguna solución pues… Es como vivir en una casa
y cada que pasas por la sala dices: ‘Oye, ¿ qué tal si
ese sillón lo muevo a aquel rincón? porque ahí estorba’.
Y al día siguiente pasas y dices: ‘Debería mover el sillón
porque ahí estorba’, y un día agarras, lo empujas y lo
mueves. Yo creo que es lo mismo con la ciudad, la ciudad es una extensión
de tu casa.
Por ejemplo ahorita cada que salgo de mi casa hay un nudo de tráfico
que se resuelve muy fácil, si cambiamos los sentidos de estas dos calles
el problema se resuelve. Entonces si se te ocurre cómo resolverlo ¿por
qué no lo proponemos? Y un poco ha sido así con la ciudad, la
ciudad que vives y recorres, si entiendes sus problemas, si entiendes su dinámica
pues puedes hacer propuestas para la ciudad.
En 2005 Miquel Adriá realizó un libro sobre
su obra más reciente, donde afirma que usted es un hombre capaz de
abordar distintas escalas de proyectos con la actitud ingenua e insolente
de quien siempre empieza de cero. ¿Qué se siente tener una publicación
en solitario y en manos de un reconocido colega y crítico catalán?
No siento nada.
¿No?
No.
¿No hay ningún tipo de alimento al ego?
No, porque yo me he dedicado a apagar el ego. Yo digo que
no hay que pensar en uno mismo, porque eso distrae. Verse en el espejo distrae,
hay que ver lo demás.
Es por el siguiente tema: el proyecto de la Biblioteca José Vasconcelos,
que de alguna manera lo ha dado a conocer en el mundo y ha desencadenado una
serie de polémicas de tinte político y cultural. ¿De
qué manera ha manejado esta situación? Porque tal vez fue una
manera de intervenir muy inocente, de decir: ‘Yo voy a concursar porque
tengo tiempo, porque en este momento mi despacho no tiene mucho trabajo’,
pero resulta que ganó y ahora se dice que es un proyecto de sexenio.
El tema de la biblioteca siempre me ha interesado, me parece
uno de esos temas clásicos de la arquitectura. Ha sido una buena experiencia,
pero… ¿cuál era la pregunta?
¿De qué manera ha manejado la polémica mencionada?,
Este proyecto, que lo inauguró Fox y ni siquiera estaba terminado;
y cómo es que gastan en una megabiblioteca si la gente no lee, y esta
situación de restarle dinero a otros proyectos culturales sólo
para construir un edificio emblemático…
Toda esa polémica es, por un lado, ajena a mí
y es ajena a la arquitectura. A mí me interesa desde luego… Me
parece un poco absurdo… Siempre una biblioteca es bienvenida, siempre
que se invierta en un proyecto de esa naturaleza me parece bien. Si es una
biblioteca grande o es una biblioteca pequeña… Yo creo que siempre
es bien justificado hacer una biblioteca. Si la inauguran antes o después,
eso es ajeno a mí … Son discusiones totalmente alejadas de nuestro
quehacer. Lo único que me preocupaba es hacerlo lo mejor posible, que
la gente lo goce, que sean espacios memorables para la gente y es muy reconfortante
ver que hay miles de gentes al día disfrutando de la biblioteca y se
la pasan bien, los bibliotecarios se la pasan a todo dar, los veo, he platicado
con ellos. El director de la biblioteca piensa que la biblioteca funciona
sensacional, entonces… ésas son las opiniones que a mí
me interesan, si la inauguró o no el Presidente, si la inauguraron
antes o después, si la oposición política piensa que
se deberían haber hecho cárceles en vez de bibliotecas o estaciones
de autobuses…”.
Pero de alguna manera los nuevos espacios arquitectónicos
generan actividades nuevas, ¿no? En este caso una biblioteca ¿estará
generando nuevos o más lectores?
Es una biblioteca muy grande, es una biblioteca que pretende
abarcar gran público pero… en primer instancia es una biblioteca
de barrio y todo el que no puede hacer la tarea en su casa porque no tiene
una mesa o no tiene un espacio, camina unas cuadras y llega ahí. Y
creo que la biblioteca va más allá, jala mucha gente, es un
buen espacio, tiene buenos muebles, tiene buenas computadoras. La gente se
siente a gusto, yo creo que es importante.
Entonces la arquitectura sí podría propiciar el consumo
de literatura, de arte…
Bueno, siendo ésta una biblioteca, tú entras
y simplemente lo primero que te invita es a recorrer el espacio, a subir y
a subir a los libreros, porque los ves ahí y quieres subir a ellos,
y una vez que estás en el librero tienes que forzosamente agarrar un
libro, aunque no lo leas, lo vas a agarrar, lo sacas, lo ves y lo vuelves
a meter a su sitio: ya haces contacto con el libro. Y habrá alguien
que accidentalmente vea un título diferente y lo hojee, es decir yo
creo que la biblioteca propicia un acercamiento con los libros naturalmente.
Obviamente las computadoras siempre están llenas y los libreros no
tanto… pero es un primer paso para acercar a la gente con los libros.
Hay quienes han diagnosticado tanto en universidades como en el gremio
de arquitectos un padecimiento llamado ‘concursitis’, donde más
allá de que los participantes resuelvan un problema de diseño
el concursante sólo trata de agradar al jurado para obtener reconocimiento.
¿Cuál es su postura sobre esto?
A mí los concursos me parecen positivos; a mucha gente
la ponen a reflexionar sobre un problema y a mí eso me parece positivo
y emocionante. Que hayan de repente mil gentes pensando un problema a la vez
y proponer soluciones, me parece que hay ahí una fuerza de trabajo
intelectual importante. Eso para mí es lo que más puede destacar
porque hay un grupo de gentes tratando de aportar ideas en torno a un problema.
Cada quien tendrá sus estrategias para ganar un concurso, si deseas
agradar al jurado o resolver el problema o las dos: resolver el problema y
hacerle un guiño al jurado, porque finalmente el jurado es el que decide.
Pero a mí el concurso me parece una forma válida de hacer arquitectura,
además los proyectos como resultado del concurso son diferentes a los
proyectos por asignación directa. Cuando hay una asignación
directa el arquitecto inmediatamente empieza a trabajar con el cliente y cuando
es un concurso el equipo de arquitectos trata de apantallar al jurado o de
resaltar su idea. Entontes tienden a ser más… yo creo que los
proyectos resultados de un concurso tienden a ser más lanzados, más
arriesgados porque tienen que llamar la atención del jurado.
¿Le gusta la exageración?
No, no me gusta, pero cuando es necesario… Por ejemplo,
concursos como la ópera de Sydney que fue un concurso, es una idea
exagerada, probablemente si a Utzon lo hubieran contratado por asignación
directa no hubiera hecho eso, hubiera hecho algo más moderado, con
una comunicación con el cliente, con los técnicos. Pero en el
concurso hay que llamar la atención sobre cien, doscientos, seiscientos
proyectos. Y esa es la naturaleza de los concursos.
¿A qué arquitectos contemporáneos
admira Alberto Kalach?
A muchos, la lista sería muy larga. Te podría
mencionar a los que admiro y quiero porque los tengo cerca: están Teodoro
González de León, José María Buendía, un
arquitecto y maestro… De niño tenía colores favoritos,
números favoritos… ya no, ahora he abierto mi abanico de gente
que admiro y la verdad es que admiro a todo el que hace su trabajo con vocación
y eso para mí es admirable, la gente que cree en sus cosas porque cree
en lo que hace, entonces la lista se vuelve larga.